El Jueves le sacó un gran partido al revuelo que se montó con la portada de los Príncipes de Asturias.

El juez del Olmo le ha hecho un flaco favor a los Príncipes de Asturias. La orden de retirar de los puntos de distribución el número 1.573 de El Jueves por un delito de injurias a la Corona, sólo consiguió avivar el interés por regodearse con el chiste (seguramente, el más visionado en la historia del humor gráfico en España) que lucía la portada de esta revista que se publica los miércoles.

Lo mejor es pasar desapercibido, así que la Fiscalía bien pudo haberse estado calladita y no dar pábulo a su celo profesional y al curioseo de un pueblo que, endeble, traga las continuas groserías que cada vez más sirven en bandeja los medios de comunicación.

La posturita que esgrimían las caricaturas de Felipe y Leticia se ha erigido en protagonista de un capítulo más de la España creciente del cutrerío, con el aliño del debate en boga de República o Monarquía: el fermento perfecto para tertulianos y voceros mediáticos de la bazofia.

El cántaro ya esta harto de ir a la fuente y es normal que desbordados por la impudicia y procacidad que muestran muchas empresas informativas de los mundos de la farándula, del famoseo o de la prostitución, haya ocasiones en que se traspase la frágil frontera de la libertad de expresión. Pero no se atisba  un proceso de reflexión a gran escala. La profesión periodística atiende hoy en día, en general, más al beneficio económico, al interés partidista y al entretenimiento fácil, que al afán de servicio, información y formación. Ante esto, la pareja principesca ha sido víctima involuntaria del caldo de cultivo que bulle en el escenario de lo público; y cuyo honor, por eso de representar a una alta institución del Estado, se quiso restaurar con una inusual y contestada medida judicial que tuvo pocos resultados para el bien común. Insisto, sólo sirvió para difundir a los cuatro vientos una ilustración satírica que cayó en el mal gusto. Más de lo mismo.

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