Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad de La Laguna.

Observo con satisfacción como mis alumnos de cuarto curso del Grado de Periodismo de la Universidad de La Laguna están ilusionándose, cada vez más, con el ejercicio de la profesión. Y no es tarea fácil. Tienen que hacerle frente a una agresiva corriente de opinión de colegas descolocados que no cesan de gritar a los cuatro vientos que “sin periodistas no hay periodismo”, al tiempo que se lamentan de la crisis que azota sin piedad a los medios, mientras navegan sin rumbo por el paro o esperan el fatal desenlace del ere de turno.

Y claro, los estudiantes tiemblan ante lo que se les viene encima, con el lastre añadido de una universidad que tampoco ayuda, de unos centros superiores de enseñanza que deben revisar sus enfoques académicos. Urge la autocrítica (Cambiar desde las aulas y Las escuelas de Periodismo necesitan cambios radicales).

Yorokobu es uno de esos blogs que se ha posicionado muy bien en medio de esta marejada derrotista. Y en uno de sus posts sobre el futuro del periodismo leo una declaración del subdirector de Eldiario.es, Juanlu Sánchez, que uno de mis alumnos ya ha hecho suya: “Los jóvenes no debemos tener nostalgia del periodismo que no hemos vivido”.

Está claro que los periodistas forjados en el periodismo tradicional tienen un problema, al igual que lo tienen, por ejemplo, los mineros del carbón. Tienen, insisto, un problema, pero es laboral y personal, y en absoluto afecta a la profesión periodística que afronta uno de los momentos más ilusionantes y con mayor crecimiento de su historia gracias al periodismo digital y nuevos medios (Usa Today: el renovador de los diarios se reinventa).

Porque aunque se vayan descolgando los periodistas tradicionales y nostálgicos seguirá habiendo periodismo, el que ejerzan los nuevos profesionales imbuidos en el cambio de la nueva sociedad de la información. Y ésta es la cruda y, a la vez, apasionante realidad.