José Rodríguez Ramírez, presidente del grupo de comunicación El Día de Santa Cruz de Tenerife, falleció, como estaba previsto, dirigiendo con manu militari su periódico, radio y televisión. Y, aunque era consciente de las dificultades económicas que hoy en día sufren las empresas informativas tradicionales, como me desveló hace unos meses en una breve conversación telefónica, nunca quiso desprenderse (hueso duro de roer) de la tele, seguramente su gran error empresarial. Y es que la cosa televisiva de marras desangró las finanzas de un periódico que nadaba en la abundancia. Desde el principio el proyecto fue mal y lejos de dar un paso atrás, la huida hacia adelante solo empeoró las cosas, a lo que se añadió la salida del gerente Antonio Rodríguez, con quien había situado al matutino en la excelencia productiva.

Mientras, el equipo periodístico realizaba un diario líder sin discusión. La maquinaría funcionaba y sus trabajadores eran, con diferencia, los mejor pagados. Don José disfrutaba de éxito, poder mediático y compartía mesa y mantel con una clase política que se rendía a la influencia de sus páginas (entre 1980 y 2001 también editó Jornada Deportiva).

Ahora, en abril de 2014, la situación no es nada halagüeña. La histórica cabecera afronta el día después con incertidumbre. La sombra de la venta o desaparición es una realidad que está en boca de todos, porque si de continuismo hablamos, ningún periódico de Tenerife las tiene todas consigo: en Diario de Avisos y La Opinión de Tenerife también pintan bastos.

Con don José Rodríguez se va, igualmente, una persona que de un tiempo a esta parte dirigió una controvertida y, en ocasiones, hostil línea editorial (o conmigo o contra mí), granjeándose rechazos y algún que otro paso por los tribunales. Mezclar lo personal con lo profesional no fue una decisión acertada y, sin duda, es reprobable desde la deontología profesional. La libertad de expresión no es una patente de corso.

Con sus luces y sombras, recordaremos a José Rodríguez Ramírez como uno de los últimos y grandes editores independientes españoles, como un empresario que llevó a lo más alto su obra periodística: El Día. Y se lo agradecemos.

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