Humberto Hernández Hernández

La Academia Canaria de la Lengua (ACL) ha publicado estos días el número cinco de su revista literaria. De periodicidad cuatrimestral y dirigida por Juan José Delgado, está disponible en el portal academiacanarialengua.org. De referencia en el panorama de las letras isleñas, su objetivo no es otro que divulgar la literatura canaria poniendo al Archipiélago en relación con el continente europeo, africano y americano. Y me gusta, como le gustan las cosas viejas al protagonista del cuento “La voz de Elvira”, de Carlos Pinto Grote, que descubro en la susodicha web. Y la locución de la mujer seduce al otro lado de la línea: “Amor mío, mi bien, ¿por qué no acudiste anoche a nuestra cita?”. Y, sin querer, viene a la memoria el teléfono negro, viejo, antiguo, de mi abuela Mamacedes… Aquel aparato se lo llevó un espabilado técnico de Telefónica y no lo volvimos a ver, empero su presencia, distinguida, continúa colgada en el pasillo. Me gusta creerlo. Me gustan las cosas viejas.

A Carlos Pinto le dedican un obituario en la revista Oswaldo Guerra y Nilo Palenzuela. Los leo y retengo el tiempo que se va. Atrapo conversas en la biblioteca del poeta y el fugaz recuerdo de su vieja casa en La Laguna… Y asoman los versos de Pedro García Cabrera: “Yo me he subido hasta aquí, / yo, verode, a los tejados, / para poner a la altura / de la ciudad todo el campo”.

Seguimos por San Cristóbal, porque en el digital que nos ocupa Manolo de Paz escribe un artículo sobre la obra poética del masón Guillermo Perera y Álvarez, quien rigió los periódicos laguneros La Región Canaria y El Noticiero Canario, que se editaron a finales del siglo XIX y principios del XX. Mi bisabuelo Amado Zurita Colet (otra de reminiscencias de familia) también fue masón y también, como Perera y Álvarez, perteneció a la logia Añaza. En su templo de la calle San Lucas olisqueé tiempo ha, a propósito de un reportaje fotográfico ambientado en el universo aventurero de Lara Croft. El edificio, que es BIC, impone, aunque a uno, novelero, le engatusó el pasadizo subterráneo. De estas cosas de patrimonio histórico artístico entiende un rato el arquitecto Germán Delgado, redactor del plan director para su restauración, todavía pendiente. Por cierto, hace años que no veo a su mujer Maisa Navarro, catedrática de Historia del Arte de la Universidad de La Laguna.

HHH también es catedrático y labora en el entorno de otra edificación singular: la pirámide de la Facultad de Periodismo en el campus de Guajara. Experto en Lengua Española, es de lo mejorcito que tenemos por estos lares. Con una prolija producción científica y reconocimiento internacional, saca de donde no hay para entregárselo a la ACL, de la que es vicepresidente. Todas las semanas participa en la Comisión de Lexicografía y junto a sesudos y altruistas colegas (Manolo Torres, Antonio Lorenzo, Marcial Morera, Carmen Díaz Alayón, Gonzalo Ortega, José Juan Batista, Juan Manuel Pérez Vigaray o José Antonio Samper) estudia, debate, resuelve decenas de cuestiones relativas a la variedad canaria de la lengua española, labor que se traduce en una notable producción editorial, como el Diccionario básico de canarismos, que refleja como pocos la realidad viva de nuestro dialecto, o las Dudas más frecuentes sobre el español de Canarias, de próxima aparición.

El dinamismo de la ACL se nota cada día más en la sociedad a la que sirve. Así, además de estar en centros educativos a través de charlas y conferencias, trabaja con esmero su presencia en las redes sociales: Facebook y, últimamente, también en Twitter (@acl_canarismos) gracias a un proyecto que avaló HHH con el patrocinio de la Fundación CajaCanarias.

Me gusta lo viejo y lo nuevo. Me gusta Humberto Hernández Hernández.

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