Elisa Machado

A propósito de una reunión reciente con el rector de la Universidad de La Laguna, Antonio Martinón, salió a colación la figura de Elisa Machado y el magnífico libro que escribió con paciencia, aplicación, metodología y sentimiento. Cocinando amistad se gestó durante más de cuatro décadas con el objetivo de divulgar la cocina y cultura guanche, para lo cual su autora que, en la actualidad supera los noventa años, tuvo que escudriñar en cientos de documentos y escritos de historiadores como Alonso de Espinosa, Abreu Galindo o Antonio de Viana. Este tratado contó con el respaldo del Cabildo de Tenerife y del Club UNESCO para la Protección del Patrimonio Inmaterial.

La obra la presentó en 2013, en el Palacio insular, Eligio Hernández, gran amigo de la docta escritora y ex fiscal general del Estado en tiempos de Felipe González y de su paisano el puntal Francis Pérez cuando este era Pollito de la Frontera. El primero y el segundo (Eligio y Felipe) deben estar contentos, un suponer, con los amaños de Pedro Sánchez, más pendiente, parece, de la erótica de La Moncloa que de los achuchones de Susana, los ofrecimientos de Mariano y los arbitrajes de Albert. Todos, o casi (socialistas, peperos y ciudadanos), están sudando la gota gorda ante el manejo de que la Lola, perdón, el Pedro, nos lleve al huerto… Dios nos coja confesados.

El jurista herreño compartió mesa presidencial con Ricardo Melchior, quien ahora está al frente de la Autoridad Portuaria de Santa Cruz de Tenerife, entidad que ultima la construcción de la terminal de cruceros aprovechando la estructura de los antiguos tinglados del Muelle de Ribera. Su estética, por cierto, no cuenta con el beneplácito del arquitecto Federico García Barba, aunque para gustos, colores, como los que pintó Agustín Ibarrola en la escollera del puerto de Llanes, en Asturias.

El reconocido pintor bilbaíno (Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes en 1993 junto a los integrantes del Equipo 57) fue apartado de la docencia en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad del País Vasco por carecer de titulación, privando a los alumnos de una valiosa sapiencia. Paradojas de la enseñanza superior que, en ocasiones, cercena la excelencia en aras de un cumpli-miento limitante. ¡Oh capitán, mi capitán!

A propósito del encuentro con el rector, improvisamos a su término una pequeña ruta turística por la ciudad Patrimonio de la Humanidad con el profesor italiano Alberto Cattaneo. Así, tras partir del Rectorado, visitamos la iglesia de Santo Domingo de don Lucio González y el claustro del antiguo convento anexo; cruzamos la plaza del Adelantado del primer edil José Alberto Díaz; recorrimos el interior de la remozada catedral de don Julián de Armas; nos adentramos en el palacio episcopal de don Bernardo Álvarez; descubrimos el palacio Lercaro de la fantasma Catalina; entrevimos el Museo de Historia de Tenerife de Colola Chinea; y paseamos, en general, por el caso histórico que velara María Luisa Cerrillos, antes de dar con la Económica de Amigos del País, antigua sede de la Universidad de San Fernando. Un ratito a pie y otro andando.

Y a propósito del parlamento con el rector, vimos la oportunidad de que la institución académica honre a Elisa Machado, una estudiosa que merece un hueco en la alteza del intelecto pese a que, como Ibarrola, no pasó por el redil facultativo. El guante está echado…

 

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