Isabel Díaz y Elena Vega

Isabel Díaz y Elena Vega.

Fue en el comedor del restaurante El Drago de Tegueste cuando las huevas de esturión cobraron una nueva dimensión gastronómica en el menú propio. Hasta ese día, solo había coqueteado con su sabor y textura en algún que otro canapé de evento y ágape. Porque antes, antes de la crisis, estos suculentos encuentros más o menos recatados u obscenos, según la tragonería de los presentes, eran tónica habitual. No había semana que la agenda social o cultural de instituciones públicas y privadas incluyese un sugerente cóctel como reclamo de asistencia. Ahora no. Ahora, lo que se tercia son manises y vino de Tenerife. ¡Qué está muy bien! No hay que ponerse pijotero. El horno, todavía, no está para bollos.

La cocina de Carlos Gamonal brilló durante aquel almuerzo con singular maestría, pues sus manejos de cocinero se aderezaron con el encanto, exclusividad y calidad de los aportes de mis compañeras de mesa: Elena Vega e Isabel Díaz, delegadas comerciales para Canarias del Caviar de Riofrío y de las Bodegas Chivite y champán Taittinger, respectivamente. Además, también nos acompañó la diseñadora Lucía de Suñer. Un lujo. Bon vivant.

Con Elena e Isabel coincidí de nuevo antes de ayer. Esta vez, en la Casa del Duque del Iberostar Hotel Mencey a propósito del evento Turismo & Excelencia organizado por Ashotel y Taittinger. Las dos, normal, lucieron palmito con garbo. Elena, soberbia con sus zapatos Jimmy Choo, e Isabel, primorosa con un vestido blanco de lunares de Dolores Promesas bien entallado, estaban cautivadoras. Tanto o más que cuando me conquistaron al alimón aquella tarde. En esta ocasión, no obstante, no aspiré a atraer egoístas miramientos. Tenían que contender con el resto de invitados. En especial, Isabel, que, una vez más, hechizó con las burbujas del Nocturne y del Brut Reservé. Por su parte, las cucharitas de caviar iraní y ruso entraron en boca con suavidad y firmeza, con su justo punto de sal y otros preciados distintivos que no atino a recordar. Mejor. Habrá que retomar ese deleite en otro momento.

Después del primer envite, el jefe de cocina del Mencey, Javier Martín, dejó de lado los manises y agradó con cherne canario, mariscos y crustáceos, papa negra, cochino negro y fresas. Maridaje perfecto.Y comimos con mesura mientras en el jardín caían chuzos de punta. Y en el ínterin, llegó el turno de palabras y nos enteramos, por ejemplo, de que el presidente de la patronal hotelera, Jorge Marichal, se desvela a las cuatro de la mañana; que el viceconsejero Cristóbal de la Rosa, calienta las sábanas hasta las cinco; y que el presidente del Cabildo, Carlos Alonso, apura hasta las siete y habla francés. Estrategias de mando. Eso sí. Nos quedamos con las ganas de saber a qué hora se levanta nuestro alcalde capitalino, José Manuel Bermúdez. Será a las seis. Un suponer. Un, dos, tres, responda otra vez.

El empresario Clovis Taittinger e Isabel cerraron las intervenciones dejando patente que el champán da amor y felicidad. Y tienen razón. El jueves me acosté chisposo. Luego, al alba, granizó…

 

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