Ilustración: María Luisa Hodgson

Forrest Gump lo tiene claro: la vida (o la historia) es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te va tocar. Puedes intuirlo, si bien los derroteros van por uno u otro camino. También es como un partido de fútbol. O sea, “un género dramático a cargo de un solo hombre en una cabina o de actores con camiseta ante el cameraman”, escribió Jorge Luis Borges junto a Adolfo Bioy Casares en el cuento Esse est percipi (Ser es ser percibido). Atinado título para una realidad mediatizada por los periodistas y opinantes que conducen la novela nuestra de cada día ante la candidez de la masa, creciente en su maniqueísmo: buenos, malos y viceversa. Y cada vez más borrega, manipulable y osada. Goloso vulgo para los líderes. El escenario, además, se puebla con habitantes activos de plataformas sociales que irradian mala baba y farfollas a mansalva. Hacedores de pasiones y ciclópeas acritudes, al igual que sucede en el fútbol, “un deporte popular porque la estupidez es popular”, sentencia Borges. Vos sos grande. Por eso, si Franco, ahora que es tendencia, levantase la cabeza toparía con un Estado convulso y crispado más de la cuenta. Es la percepción. Es la matraca catalana de lazos amarillos de quita y pon y falsos demócratas y republicanos bolivarianos instalados en el machito de la España enfrentada. Como un tal Pablo Echenique que, inconsciente y mirando a Tribuna, hace mención a la mayoría absoluta “espuria” del PP en el Senado. Y se queda tan ancho y le hacen la ola. La siguiente sandez: ¿aprobar una asamblea constituyente a imagen y semejanza de la Venezuela del compañero Maduro?

Evidentemente, Francisco Franco Bahamonde no erguirá la testa, aunque sí le moverán a otro hoyo antes de que finalice el año. El real decreto ley aprobado por el Gobierno de Pedro Sánchez hará posible la exhumación de los restos. Y hemos tardado. No obstante, las cosas a su ritmo. Ha llegado cuando ha llegado y lo celebramos. Pudo hacerlo Rajoy, pero el tanto se lo apunta el líder del PSOE amigo de la extrema izquierda. La Transición jugó su papel, por lo que este último coletazo debería enterrar, de una vez por todas, el enfrentamiento anacrónico de rojos y nacionales. El ejemplo conciliador de quienes enterraron heridas para establecer y asentar la democracia ya es suficiente. Capullos los hubo y los hay a diestra y siniestra. La cordura que no falte. Mientras, debemos cuidar el Estado social y de derecho que disfrutamos pese a las miserias de la política. Porque en tan solo tres meses de gobierno, el actual Ejecutivo no se libra de la quema encharcado en las continuas contradicciones del presidente. Donde dije digo, digo Diego. Es el apego al poder que tiene en Carmen Calvo un eficaz parapeto sanchista. Esta gente maneja muy bien la comunicación.

Pues el difunto dictador, muerto y bien muerto, sigue dando la nota. Será su sombra que, como la del ciprés, es alargada. Cuesta rematarle. En Santa Cruz de Tenerife, por cierto, intentaron eliminarle poco antes del Alzamiento. Comunistas, socialistas revolucionarios y pistoleros de la Federación Anarquista Ibérica manejaban en el desconcierto patrio de Casares Quiroga, Largo Caballero y demás nefastos dirigentes: el ambiente propicio para asesinar, primero, a Calvo Sotelo (13 de julio) y, acto seguido, al prestigioso general destinado por Manuel Azaña a la jefatura de la Comandancia Militar de Canarias para apartarle lo más posible del Madrid convulso y marxista. Pero el ataque nocturno a Capitanía fue repelido a tiros por la guardia centinela. Los asaltantes lograron escapar y se dieron a la fuga por la calle República (luego renombrada 18 de Julio, y hoy, Juan Pablo II) hacia arriba. El resto de acontecimientos tras el vuelo de Franco a Tetuán desde Gando, en Gran Canaria, es de sobra conocido. O no. La Guerra Civil pilla lejos, muy lejos, para las nuevas generaciones y no tan nuevas, que no ubican al que fuera caudillo de España, como tampoco a Curro Jiménez, Torrebruno o Naranjito. Algo les suena de lo que oyen o han mal estudiado u ojeado en no sé dónde. Las batallitas en blanco y negro agotan y el rojo y gualda de la bandera se quiere y exhibe con el escudo constitucional y en las selecciones españolas, incluso si esta pierde la final del Mundial sub-veinte de fútbol femenino contra el Sol Naciente.

La pelota hispana es protagonista y, en la Isla, el bravo ímpetu del Club Deportivo Tenerife con el tinerfeño Jorge Saénz como defensa central, el segundo más joven de la plantilla (cumple 22 en noviembre) después de Shaaban Idd Chilunda (20), marca la senda de un único sentir. El equipo azul y blanco evoca fidelidad y eleva sentimientos. Su voluntad por el ascenso cabalga hacia el triunfo final. Alientos de luchas e ideales. En estos momentos solo vale ganar. El Heliodoro será un bastión para una próxima Liga Santander de esplendor y prosperidad. “Riqui raca / zumbarraca / sim bon ba, / riá, riá, riá, / Tenerife, Tenerife / y nadie más”.

Lo que hay.

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