Ilustración: María Luisa Hodgson

Los menceyes han alzado sus añepas. AENA es el objetivo después de que esta entidad haya anunciado que licita por 62,4 millones de euros la construcción de un edificio de unión entre las actuales terminales T1 y T2 del Aeropuerto Tenerife Sur y la ampliación y mejora de las zonas de aparcamiento. Y Carlos Alonso se cabrea con Mario Otero, el director de AENA en Canarias, porque se lo comunica, así, de pronto, sin anestesia, de noche y por wasap, como si Nivaria “fuese una colonia”. Comprensible. Entonces, caracolas al viento y tagoror en el Palacio insular para acordar que se paralice la propuesta presentada a espaldas del pueblo. Y a la vera del presidente del Cabildo, el consejero insular de Turismo, Alberto Bernabé; el director insular de Movilidad y Fomento, Miguel Becerra; la consejera de Hacienda del Gobierno de Canarias, Rosa Dávila; los viceconsejeros de Infraestructura y Transportes, Onán Cruz, y Turismo, Cristóbal de la Rosa; representantes de los partidos políticos y de los municipios de Santa Cruz, Arona, Adeje, Santiago del Teide y Granadilla. También, los dirigentes de Ashotel, CEOE, Círculo de Empresarios del Sur (CEST), Foro de Amigos del Sur de Tenerife (FAST), Fepeco, Cámara de Comercio, centros de iniciativas y turismo, la Asociación Española de Directores de Hotel y sindicatos. Solo faltan monseñor Bernardo Álvarez, el rector, Antonio Martinón, y la NiFú-NiFá.

La Isla, con cerca de dieciséis millones de pasajeros al año, es el quinto destino de España con mayor tráfico detrás de Madrid, Barcelona, Palma de Mallorca y Málaga. Parece evidente que sus dos recintos aeroportuarios no requieren parches. Además, el del Sur, inaugurado hace cuarenta años por la reina Sofía, está, en la actualidad, al borde de la saturación y con deficiencias notables que no pasan desapercibidas. Pero los disgustos no vienen solos. Al sector del transporte le ha mirado un tuerto (con perdón) y no cesan los malos tragos. Alrededor de cien taxistas bloquean la entrada a la capital tinerfeña movilizados por la Asociación Elite. Su dirigente, Miguel Ojeda, anda ofuscado y reprueba al alcalde, José Manuel Bermúdez, y al concejal Dámaso Arteaga, pero del personaje no me fío. Busca notoriedad y la mayor parte del colectivo no está con él. El Ayuntamiento está llevando con eficacia la política de rescate de licencias con el propósito de llegar a 732, que es lo que marca la Ordenanza como ideal. Más claro, agua. Y lo demás es un enredo innecesario que sufren vecinos y transportistas. Por otro lado, los trabajadores del Tranvía de Tenerife se han apuntado al jaleo y continuarán con la huelga si no se revisan las “duras condiciones de trabajo”. Cinco horas de conducción diaria de media, catorce pagas de 1400 euros y contrato fijo no son suficientes para estos conductores a quienes solo se les exige la Enseñanza Secundaria Obligatoria. Quieren que se les aplique el estatuto del empleado público. Ansían ser funcionarios y aprietan a una empresa modélica que es referente internacional gracias a la gestión de un valioso equipo directivo liderado por el gerente Andrés Muñoz. Pena de cortas miras y altas reivindicaciones difíciles de sostener. Al tiempo, el fast-ferry Alborán, que cubre la ruta entre las dos capitales canarias, choca contra una pontona y Salvamento Marítimo rescata a tres personas que caen al mar. Nuevo accidente de la Naviera Armas que todavía recuerda cuando el Volcán de Tamasite embistió un dique del muelle vecino. Turbulencias…

Y derroteros que merecen vientos firmes, como los que sopla con acierto José Fernando Cabrera, presidente del FAST y acérrimo valedor de la vertiente ocre que pintase Juan Mazuelas y que se abrió a la prosperidad en 1967 a raíz de que José Miguel Galván Bello impulsase las obras de la Autopista hasta Los Cristianos. El exitoso y comprometido empresario, propietario del grupo hotelero Golf Resort, es, junto a Roberto Ucelay (CEST), voz autorizada y persistente a la hora de defender el territorio más boyante del Archipiélago. Por eso, aparte de denunciar, por activa y pasiva, los irritantes atascos que se generan desde San Miguel hacia el sur del Sur, se ha sumado con firmeza a la cruzada que desaprueba la actuación de AENA. Junto a sus hijos Carlos y Javier (Grupo Monkey) no entiende, en buena lógica, como siendo Tenerife un destino turístico líder en el Mundo, su primer aeropuerto no cuenta con unas instalaciones a la altura. Y no le falta razón. La ampliación del aeródromo de Madrid fue obra de Richard Rogers Partnership y del Estudio Lamela. En Barcelona, el proyecto recayó en Ricardo Bofill, mientras que el de Bilbao se encomendó a Santiago Calatrava. Pero no hay que ir tan lejos ni pescar en el star system ni agotar a la tropa con triple ración de Calatrava. En estos pagos tenemos a Arsenio Pérez Amaral, Antonio Corona y Eustaquio Martínez, que diseñaron la magnífica terminal de Los Rodeos.

José Fernando Cabrera y demás agentes políticos, sociales y económicos, consideran que la propuesta de Otero no es lo que necesita Tenerife. Posición unánime a la sombra del Teide. Incuestionable.