Ilustración: María Luisa Hodgson

El pequeño Liam nació en el Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria a las 06.23 horas de este pasado 1 de enero. Fue el primer tinerfeño nacido en 2019. Su madre Cecilia Pereira le esperaba el 9 de enero, no obstante la criatura (impaciente) se adelantó. Casi al mismo tiempo, cerca, en casa y rodeado de los suyos, fallecía Urbano García, un palmero de 101 años. El ciclo de la vida que viene, va y sigue su curso en un planeta que en los próximos doce meses será un lugar deprimente, según apunta en el Anuario 2019 de The Economist el profesor de Harvard Steven Pinker. Su previsión se sustenta en los pronósticos difundidos por los medios de comunicación que, por lo general, inciden en lo negativo, certera apreciación consustancial a la esencia del periodismo, resalta el célebre psicólogo canadiense que, un buen día, decidió matar a Dios al darse cuenta de que no lo necesitaba. El papa Francisco, por el contrario, sí precisa creer en la divinidad celestial, en quien se apoya para construir la paz, como resaltó en un tuit reciente. Por desgracia no muchos comparten su convicción, pues, en la actualidad, los conflictos armados que acontecen en el Mundo son noticia reincidente. Siria, Yemen, Afganistán, Chad, Malí, Somalia y las repúblicas Democrática del Congo y Centroafricana despidieron 2018 sin haber dejado atrás la guerra. En estos territorios se tira a matar, al igual que en tantos otros lugares del Orbe en donde la violencia campa a sus anchas. Pero no es necesario coger un fusil o machete para esparcir malas vibraciones. Personas enrabietadas, irracionales, amargadas, prepotentes, maldicientes y cretinas pululan por doquier a la vuelta de cualquier esquina. Es tónica habitual en entornos laborales y domésticos, al volante del automóvil, en las redes sociales, en el patio de vecinos, en el gimnasio, en la atea Navidad… y en el tagoror. ¡Agárrate los machos! Elecciones europeas, autonómicas y municipales en mayo. Y ya se ha abierto la veda. El campo de batalla espera a los aspirantes a ostentar cargos de responsabilidad en sus respectivas instituciones. En sintonía con los personajes del Fortnite (Caballero Oscuro, Dama Roja, Ángel de Cupido, Ragnarok, Sabueso de Combate, Valquiria…) se aprestan al cuerpo a cuerpo o al disparo de precisión por un puesto que garantice el sueldo durante cuatro años. Son caraduras dependientes del erario público en despachos públicos y con asesores públicos que cuentan con el visto bueno (complaciente o a regañadientes) del número uno de turno. “Es mejor ser temido que ser amado” escribió Maquiavelo en el siglo XVI, aseveración que continúa vigente entre los príncipes (y princesas) que se saben líderes. Es la auctoritas frente a la potestas. Servidumbres de la partitocracia y de listas cerradas, circunstancias, si cabe, más sangrantes en Coalición Canaria, ya que debe contentar a cáncamos de todas las islas para cubrir las cuotas correspondientes. Si ya, de por sí, resulta difícil gobernar el Archipiélago, lo es más contentar a todas las sensibilidades que pueblan el nacionalismo ultraperiférico. Pero es el guion y Fernando Clavijo sabe que tiene que arar con bueyes. Más fácil lo tiene Ana Oramas. Se las basta sola para poner en su sitio a los peninsulares despistados y a los godos enterados, que también los hay. Por eso, si hay alguien en CC que lo tiene fácil para revalidar poltrona (no es el caso) es ella, aunque vistos los altos vuelos del Falcon del doctorcillo Sánchez y su apego a las prebendas del poder, será en 2020 cuando se someta al plebiscito popular (todo indica que el inquilino de La Moncloa no adelantará las Generales). Pena de dirigente socialista que se place en el pufo de Tezanos (ja, ja, ja…) mientras empuja vereda abajo a sus ilusos e ilusas compañeros y compañeras socialdemócratas. Autodestructiva atadura a un cabecilla pancista que se alió con los indepes, los interesados del PNV y la extrema izquierda de Podemos (chalé incluido) para garantizarse el sueldo vitalicio. Y en estas, tras la vaguedad ideológica de Rajoy y la corrupción que hartó lealtades, la derecha y su centro se recompone en un tripartito (PP, Ciudadanos y Vox) condenado a entenderse. Si la formación de Pablo Iglesias sacudió 2011 a propósito de los indignados del 11-M, que se tradujo en éxito electoral y en la fagocitación de Izquierda Unida ante la indolencia de Alberto Garzón, la palabra de Santiago Abascal dejará huella en 2019. No parece que su irrupción en el Parlamento andaluz sea un caso aislado. Lo veremos.

Pese al vaticinio destructivo de Pinker, sustentado en el análisis (realista, por otra parte) de mis avispados colegas, y a la aproximación al lodazal de la política, me resisto a los titulares aciagos. Antes bien, me quedo con la letra pequeña de tantas cosas buenas que sucederán y con el recuerdo edificante de Urban (así le llamaban sus hijos Carmen y Agustín, y sus cinco nietos), con el espíritu de un hombre tenaz que a los 18 años fue movilizado en Breña Baja para combatir en la Guerra Civil. Luego emigró a Venezuela, Guatemala… y de vuelta a Canarias, a los cincuenta años, formó y sacó adelante a su familia junto a Censi. Esfuerzos vitales constantes que deberán ser un ejemplo para Liam y lo son para los que todavía confiamos en la gente anónima que, con sacrificio y honestidad, se sobrepone a las dificultades, a lo sombrío.