Braulio Simancas

Braulio Simancas es nuestro, muy nuestro. Y se nota. Posiblemente sea de los que mejor trata el producto local. Los sabores que experimenta viajan sobre el alisio y tanto acercan la maresía de los bajíos como la tierra mojada de los cultivos en medianías. Y embauca en la tasca El Callejón de Santa Cruz y en el restaurante Las Aguas del Gran Hotel Bahía del Duque, que ya debería tocar estrella Michelín, porque la de mar hace tiempo que encontró acomodo en el arrorró de sus olas.

De La Gomera arribó silbando y Francisco Zamorano oteó el horizonte y le enroló con galones en nave capitana. Desde entonces gobierna con tino y en el Combate presenta de primero unos deliciosos tomates pera con aguacate, queso fresco y pesto de albahaca y almendras; la mejor antesala para una cama de salmón con espárragos cojonudos y eneldo. Y, ahora es cuando el crianza de José Bezares enarbola pabellón ibérico en tierras de ínsula, vanguardia de creaciones para quienes, como Simancas, lejos de aferrarse al drago, cruza océanos y vuela alto y lejos. Crisol de sabores.

En el comedor de El Callejón la madera abriga sensaciones y prepara el envite del calamar en un campo que parece minado en su propia tinta. Es como si salvaras el canal entre la Villa y el puerto de Los Cristianos. Emociones intensas que te llevan, luego, al socaire de la bahía, al frescor de la parchita que baila con las américas del chocolate blanco.

El tránsito se hace corto y, atrapado con gusto en la red, te alistas para la próxima. Once upon a time

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