Carmen Perera

La película Mascotas es la nueva sensación animada de la oferta cinematográfica de este mundo de perros y gatos. La crítica es muy favorable con las aventuras de los dos chuchos protagonistas y del esponjoso y psicópata conejito blanco, así que no tardaré mucho en ocupar alguna butaca vintage del Cine Víctor para olfatear en sus vidas secretas. Ignoro si Eladio Fraga, el propietario de la histórica sala tinerfeña, es gente guau y participa en las actividades que se organizan en Santa Cruz para deleite de los vecinos amantes de los animalitos de Dios. Estos conforman un activo grupo de presión que, se atreve, incluso, a pedir un espacio reservado en la playa de Las Teresitas. Por el momento, el concejal de Medio Ambiente, Carlos Correa, ha indicado que, aparte de la mencionada, se barajan tres alternativas más: Las Gaviotas, Almáciga y Roque de Las Bodegas. Mientras se dilucida la cuestión y desconociendo, insisto, los gustos de Fraga hacia los bichos de cualquier pelaje, sí debería aprovechar el tirón de la cosa para que las mascotas chicharreras pudieran disfrutar en la gran pantalla de las correrías de sus colegas de especie. El alcalde José Manuel Bermúdez y su pequeña schnauzer Kira seguro que se apuntan.

Otras que apoyarían la jugada son la incansable letrada Sandra Barrera, presidenta de Animalia SOS, y Carmen Perera, perenne madre adoptiva de canes y demás irracionales. En la actualidad, tras la reciente pérdida de la iguana, Carmita (para los amigos) comparte morada con los sabuesos Chico, Pincho y Churro, unos cuantos pájaros de buen agüero y un loro heredado que atiende al nombre de Coco. Bueno, y también duerme bajo el mismo techo Raúl Capote, macho alfa virtuoso del piano. Nada mejor que un músico al frente de la manada para templar los ánimos de las fieras.

El mejor amigo de Úrsula Siemens es un loro. Se llama Manolo y el muy rufián se entretiene silbándole a las muchachas desde la atalaya del balcón. Para Úrsula y Manolo no pasan los años. Han hecho un pacto con el diablo y cada día que pasa están más saludables. A sabiendas de la longevidad de estas aves, mi amigo Ángel Morales le ha regalado una lorita a sus padres después de la congoja familiar que supuso la defunción del adoptado Chispas. “Así no sufrirán un nuevo disgusto. Esmeralda les sobrevivirá”. ¡Y no le falta razón!

Igualmente, hay quienes amparan a jumentos, como aquel que tenía Miguel Cabrera Pérez-Camacho en su casa de Los Naranjeros, o se atreven con serpientes, como la boa constrictor de dos metros y treinta centímetros que se enroscó en el cuerpo serrano de Silvia de Esteban a propósito de un reportaje para la revista Fama. Dante, ofidio astuto aclimatado a la soporífera vida del terrario, encontró en la actriz el calor humano que no le daba el termostato. Me alegro de que a Silvia le vaya muy bien en Miami con el musical El defecto mariposa que ella misma dirige y protagoniza junto a Francisco Porras.

Hace años, Carmen Perera también fue seducida por los escenarios. Canta con tino y afina, pero la llamada del marketing pudo más que las candilejas e inició una fructífera carrera profesional que hoy mantiene con brillantez. Y, por supuesto, a sus alimañas nadie le pone la pata encima. Sacó el ingenio de su paisano portuense el fabulista Tomás de Iriarte y defiende la contienda, si se tercia, como felina panza arriba.

 

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