Ilustración: María Luisa Hodgson

La puesta en libertad provisional bajo fianza de los integrantes de La Manada ha devuelto a la calle a los colectivos feministas y organizaciones y entes indignados. El marco jurídico en el que nos desenvolvemos ha ejecutado los reglamentos pertinentes que garantizan el principio de legalidad y los derechos fundamentales de todos los ciudadanos, incluso los de los presuntos, condenados y resto de vecinos enredados en la maraña judicial. Pero no es suficiente y el Gobierno, a través de su ministra portavoz, Isabel Celaá, no ha tardado en criticar la medida anunciando que para proteger a las mujeres de este país el Ejecutivo va a estudiar la reforma del Código Penal en los artículos referidos a la violencia y a la indemnidad sexual. Mientras, a pasar por el aro, a llorar al valle y a vociferar cuanto se quiera que los lobos andan sueltos. Estos, seguro, acojonados, se refugiarán en sus guaridas.

Pese a desmanes y tropelías, no estamos solos. El Estado ampara y dicta justicia. Siempre hay alguien a quién acudir, que consuela y arrebuja cuando hace frío. Es el caso, por ejemplo, en Canarias, del Diputado del Común, alto comisionado del Parlamento que planta cara a las omisiones, deslices y atropellos que pueda cometer la Administración pública. La Institución, por cierto, estrena inquilino tras la retirada de Jerónimo Saavedra. El sillón peripuesto, que se reparten los políticos, ya lo ocupa Rafael Yanes, un histórico socialista güimarero desubicado a quien había que premiar pese a que haya tenido que darse de baja del partido de sus amores bravíos. La rosa y el puño ya no latirá, un decir, junto a su corazón. Heroica renuncia por la patria y gran responsabilidad considerando la valía de sus antecesores: Luis Cobiella Cuevas, Arcadio Díaz Tejera, Fernando Giménez Navarro, Manuel Alcaide Alonso y el ya citado Saavedra. Al magistrado Díaz Tejera, que no tiene pelos en la lengua, le entrevisté hace años y el titular que brindó abrió el periódico: “Toletes hay en todas partes”. Pues sí. La atinada declaración continúa vigente.

En medio del rebumbio que trae el verano incipiente, José Carlos Francisco celebra con champán y en Presidencia de Gobierno los cuarenta años de la Confederación Provincial de Empresarios de Santa Cruz de Tenerife junto a Fernando Clavijo, José Manuel Bermúdez y otros gerifaltes con o sin carnet nacionalista. Dios los cría y ellos se juntan cuando la ceremonia lo requiere. Y en medio, Eduardo Bezares, con poco más de un año al frente de la Secretaría General de la CEOE tinerfeña tras la marcha de Pedro Alfonso. Un gran fichaje forjado en la Compañía Cervecera de Canarias y, en la actualidad, una de las cabezas mejor pensantes del panorama insulario.

Y para testas con fundamento las que hay en la Universidad de La Laguna, otra semana más valorada en ránquines para complacencia de periodistas acomodados que dan excesivo protagonismo a la superficie. San Fernando, sentado en su regia poltrona, debe estar hasta los huevos de tanta majadería respaldada con indicadores y variables que sacan conclusiones generalistas en un universo en donde departamentos, laboratorios, grupos de investigación e, incluso, doctos docentes despuntan. Shanghai, U-Multirank… y ahora el U-Ranking de la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas dictan sentencia. Y dentro de doce meses o seis o tres, igual cantinela que se difundirá, igualmente, a los cuatro vientos, sin considerar, por citar algunos ejemplos, el reconocido prestigio de los institutos de Astrofísica, Bio-Orgánica, Enfermedades Tropicales y Salud Pública, Neurociencia, Estudios Medievales y Renacentistas, o Tecnologías Biomédicas. La ULL presume, además, del Observatorio de la Inmigración, del posgrado de Interpretación de Conferencias, de sus estudios en Psicología Cognitiva, Social y Organizacional, o Didáctica e Investigación Educativa y Medicina Genómica o Lingüística. Asimismo, y barremos para casa, la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación, inmersa en el necesario relevo generacional, crece con experimentados y competitivos doctores en sus áreas de conocimiento. Hacía falta.

Otra historia, común a la mayor parte de la enseñanza superior en España, es la inestabilidad laboral del cuerpo docente e investigador, la excesiva ratio profesor-estudiante y la estresante carrera curricular impuesta por la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (Aneca), obcecada en acreditaciones, verificaciones y modificaciones.

El pintor Alfredo de Torres Edwards diseñó el escudo de la Universidad de La Laguna. Así lo documenta María Luisa Hodgson, autora de la identidad visual corporativa de los emblemas y símbolos fundacionales de la ULL, un pujante centro académico que no debe arrinconar la sabia tradición y que trabaja, en saludable autocrítica, hacia la excelencia.

Las comparancias son odiosas, relativas y no sientan cátedra.