Ilustración: María Luisa Hodgson

El dolor de la mayor de las Antillas se siente especialmente en Canarias, islas que sufren cuando la hermana Cuba sufre. Innumerables lazos afectivos unen. Amores que se bailan despacio, apretados, en sones con o sin sudores, con o sin un plato de frijoles o de arroz a la cubana que se sirven sin ataduras en la Pequeña Habana y en mesa con cuarta vino de Santa Cruz a la Cruz Santa. Lloramos estos días cuando vamos pal monte y pa la playa con condumio o sin él. Las noticias de allá duelen acá. Toda una vida desde Sierra Maestra que ya no pinta. Ahora suenan mejor los raps irreverentes de Silvito El Libre que los versos de Silvio (su padre) y Pablito. La Nueva Trova (también la del güimarero Agustín Ramos) que atrapó y atrapa porque somos románticos, ya no está para el vacilón del carnaval de este Tercer Milenio global que se ríe de sí mismo y de discursos maniqueos de guerra fría. Los perros a rayas ya no existen.

El bello sol se levanta, saluda una canción a Compay Segundo. El ritmo retozón que marcan guitarra, tres, bongós, maracas y claves empuja a vestir guayabera, mover pies y cintura. Todo suave, como cuando Bebo San Juan, el alter ego de Emilio Aragón, canta su amor a Cuba con una nostalgia muy alegre. Su madre le pidió un bolerito y él le regaló un álbum. A Bebo le descubrí en B.S.O., magnífica producción televisiva emitida por Movistar+. Lo mejor que he visto en mucho tiempo. Muestra palpable de que la buena televisión es posible en medio de la basura de Mediaset que alimenta a lastimosas almas gustosas de retozar en la mierda. Pena me da. Y pena me da nuestra Cuba, la que reprime a activistas y colegas periodistas. Esa que me cuenta mi Mari, mi cubana cómplice que huyó de su Santiago entre rabia, júbilo y lágrimas.

Los gritos de libertad suenan estos días en Cuba con más fuerza que nunca a propósito de los juicios sumarísimos contra las personas detenidas en las protestas del pasado 11 y 12 de julio. La chispa que comenzó en San Antonio de Baños a causa de la falta de alimentos, vacunas contra la Covid-19 y apagones de electricidad se extendió rápidamente a través de las redes sociales al resto del País. Las revueltas pueden haber sido el germen de un movimiento con futuro, aunque los Boinas Negras repriman las manifestaciones callejeras, campo oficial para quienes todavía ondean anacrónicas banderas revolucionarias, aunque el presidente comunista, Miguel Díaz-Canel, y su Gobierno totalitario combatan a la contrarrevolución desde Internet. Pero el corte de datos no es la solución. Esta medida no pueden prolongarla en el tiempo pues, aparte de acrecentar el descontento de la población, paraliza el teletrabajo, generalizado, como en el resto del Mundo, durante la Pandemia.

Malditos despliegues policiales. Maldito autoritarismo instalado, obsoleto, incapaz de arrimarse a un lado para que quien quiera cante un canto libertario en el Malecón, de igual manera que se afina en Miami, la capital de América Latina, y en Vegueta y en la Calle Real y en Vueltas y en Sabanda con hierbabuena y un mojito en el buche. Vientos alisios.

Una mulata purera explicó una vez en velada de canícula y voz ronroneante que enrollaba las hojas de los habanos en su muslo mulato. Desde entonces los habanos tienen una erótica especial, algo así como beber lento un roncito con Coca Cola en la ciudad de Cienfuegos, o sea, en la Perla del Sur del Caribe, en noche acompañada, descansada, cálida y de estrellas.

Cubalibre, siempre en el imaginario.

Oye mi son.