Ilustración: María Luisa Hodgson

El Departamento de Bellas Artes de la Universidad de La Laguna ha determinado recientemente que el Monumento a Franco de Santa Cruz de Tenerife no posee valores artísticos excepcionales. Justifica su conclusión basándose “en el análisis de la importancia histórica de la producción escultórica de Juan de Ávalos, de su impacto y repercusión en la historiografía del arte y de su presencia en las principales colecciones y centros de arte contemporáneo”, y en el “análisis técnico y formal de la escultura, de sus aportaciones formales y conceptuales en su contexto histórico, y de su repercusión y visibilidad en las principales fuentes bibliográficas de arte contemporáneo”. Este informe fue requerido por el Servicio de Patrimonio Histórico del Cabildo de Tenerife al carecer de un técnico especializado en escultura contemporánea. Se trataba de dilucidar si la obra del escultor Juan de Ávalos merecía la declaración de Bien de Interés Cultural (BIC), reconocimiento que en su día solicitó la Real Academia de Bellas Artes de San Miguel Arcángel. A raíz del docto escrito, el presidente insular, Pedro Martín, partidario de retirar todos los símbolos franquistas que enaltezcan el Golpe de Estado de 1936, declaraba hace unos días que su Corporación no elevará el inicio de la declaración de BIC al Gobierno de Canarias. Alea jacta est.

Lejos de cuestionar el dictamen de mis colegas universitarios, el cual, por otra parte, no cuenta con el respaldo unánime del profesorado de la Facultad de Bellas Artes, me pregunto por qué este escrito ha tenido más peso que el que en octubre de 2021 firmó el Área de Escultura del mismo centro académico en el que se afirma que “en general las obras de Juan de Avalos son de gran calidad escultórica, como lo es también el Monumento ubicado en Santa Cruz de Tenerife”. Fundamenta esta apreciación considerando tanto su “nivel compositivo” como “la definición general de volúmenes y tratamiento formal de todos los elementos que lo componen”. Además, este primer informe apunta que “la producción escultórica de Juan de Avalos es amplia y muy significativa, con obras importantes en el ámbito internacional: Ecuador, Colombia, Venezuela, El Salvador, República Dominicana, Bélgica, Washington, etc., así como una gran representación en museos, colecciones y espacios públicos españoles, incluyendo temas muy diversos: desnudos, retratos, imágenes religiosas, temas mitológicos, monumentos conmemorativos, etc.”.

¿En qué quedamos? ¿Quienes firman el informe de Bellas Artes tienen más criterio que quienes firman el informe del Área de Escultura? ¿La Comisión del Departamento de Bellas Artes que redactó el informe que llegó al Cabildo tenía paridad ideológica? ¿Por qué el Departamento de Bellas Artes desestimó el informe del Área de Escultura? ¿No poseer valores artísticos excepcionales tiene más peso que ostentar una gran calidad escultórica? En fin. Matices semánticos.

De sobra son conocidas las divergencias que suelen darse en las entrañas de la Enseñanza Superior en todas sus disciplinas académicas. El cristal con que se mira, las vanidades y las soberbias nublan, muchas veces, la necesaria objetividad. Y en este caso, más, al tratarse de evaluar una pieza artística. ¿La obra Comediante (2019) del italiano Maurizio Cattelan (un plátano pegado a la pared con cinta americana), que se vendió a una reconocida diseñadora neoyorquina por ciento veinte mil dólares, no posee valores artísticos? ¿Quién lo decide: la Academia o el mercado?

El escultor Juan de Ávalos (Mérida, 1911 – Madrid, 2006), que fue integrante de las reales academias de Bellas Artes de San Fernando de Madrid y de las Letras y las Artes de Extremadura, y que se manifestó en numerosas ocasiones en contra de la guerra y del resentimiento, no merece miserias destructivas disfrazadas de memoria histórica. Dejemos al ángel en paz, cambiemos su nombre, reprobemos al dictador Francisco Franco o, en sintonía con un docente ecuánime de la querida y acreditada Facultad de Bellas Artes de la Universidad de La Laguna, actuemos sobre el conjunto escultórico con la fórmula del contramonumento.