Francisco Zamorano

A finales de los años ochenta del todavía cercano siglo XX, que entonase Agustín Ramos, poeta a quien perdí de vista y que bebía de la Nueva Trova Cubana y, como casi todos los cantautores, del recién premio Nobel de Literatura Bob Dylan, los establecimientos hoteleros incorporaron el monumento histórico a su oferta, presentándose ellos mismos como atracciones. En Canarias, el Bahía del Duque, inaugurado en Costa Adeje en 1993, abrió camino en esta tendencia gracias a Andrés Piñeiro, a quien  pronto le encargaron ambiciosos proyectos en la Península Ibérica, Egipto, República Dominicana, Cuba… Entonces (falleció en 2004) era el arquitecto tinerfeño con mayor proyección internacional, testigo que hoy en día ha recogido Fernando Menis, galardonado este verano en Alemania con el premio Iconic en la Categoría de Mejor Edificio Público por el diseño del Centro de Cultura y Congresos CKK Jordanki en la ciudad polaca de Torún.

Raúl de la Rosa es el guest experience manager del Hotel. O sea, es el responsable, entre otras atribuciones, de regalarle al cliente instantes únicos y personalizados para enamorarle y fidelizarle. Las fiestas temáticas que planea son ya un referente, al igual que el restaurante Las Aguas, el cual se postula para la sexta estrella Michelín de Tenerife, lo que supondrá, de conseguirla, un más que merecido reconocimiento a la nueva cocina canaria que propone el chef Braulio Simancas, un gomero que corteja con cuidados platos de mar y bancales.

Al frente del emblemático hotel, dirigido en la actualidad por Cristina de Juan, se sitúa la Compañía de las Islas Occidentales, presidida por Francisco (Fachi) Zamorano, hábil empresario que rige con eficacia las diferentes iniciativas del grupo familiar dentro de los sectores turístico, inmobiliario, financiero, servicios e industrial, destacando la pujanza de Fuentealta. Firma líder del mercado de aguas embotelladas en el Archipiélago, el buen hacer de su director comercial José María Cortés ha situado a la marca en una constante y saludable presencia en actividades culturales, deportivas, sociales… Este compromiso con tantas acciones buenas se complementa con el área de Responsabilidad Corporativa de CIO, que gobierna Mónica Rumeu, mujer guerrera y cordial con un momento tabaco cautivador. Hasta la fecha, he intentado en vano fotografiarla fumando un puro habano o palmero. Calabazas. Aunque espero.

Dios los cría y ellos se juntan. Y Fachi Zamorano y Fran Ralea, copropietario del Kazan, acaban de sellar un acuerdo de colaboración para abrir un restorán japonés en el Bahía del Duque. De esta forma, rivalizará (maravillosa competencia) con el Abama Kabuki, poniendo los cimientos de un lisonjero firmamento en el sur de la Isla. Eso sí, a Tadashi Tagami y a Lolo Crusellas no los muevan. El Paseo Milicias de Garachico de Santa Cruz no sería lo mismo sin el exquisito cocinero que vino del Sol Naciente y sin el jefe de sala que es la perfección. A veces existe.

La familia Zamorano inició su afán emprendedor en 1850 dentro del sector tabaquero, montando fábricas y almacenes en Santa Cruz de Tenerife. Hoy, en el Tercer Milenio, aquellas sensibilidades e inquietudes decimonónicas siguen intactas y vuelan alto, a galope del alisio. The answer is blowin’ in the wind.

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