Coincidiendo con la novena gala de la Guía Michelin España y Portugal 2018, celebrada en el Hotel Ritz-Carlton Abama, la empresaria Susana Gallardo, propietaria del restaurante Larena 53, ha quitado protagonismo a las estrellas rutilantes del panorama gastronómico isleño con la portada que luce en el último número de la revista Fama. Fantástica, atrevida, conquistadora… arrebata y pone los dientes largos a muchas que quisieran lucir cuerpazo a los 45 años, al tiempo que saca adelante a sus tres hijos y un negocio al que entró por amores y hoy le roba el corazón.

La Gallardo no para. Practica deporte cinco días a la semana alternando carreras largas de doce kilómetros con otras más cortas, series de cuestas y cambios de ritmo en el parque Taoro del Puerto de la Cruz. También arranca la caña desde su casa hasta la playa de El Socorro y en pista de tartán. Además, va al gimnasio un par de veces a la semana para fortalecer cuádriceps y abdomen. Lo lleva en los genes y en la pasión por el atletismo que hay en Los Realejos, el municipio tinerfeño que, históricamente, más atletas de élite ha dado a las Islas: Basilio Labrador, Pedro García Estévez, Teresa Linares, Iván Ramallo

Licenciada en Enfermería por la Universidad de La Laguna, por sus venas circula sangre bravía. Es una mujer que no se detiene ante adversidades ni pierde el tino en mentecateces propias de políticos aburridos y cansinos, como el presidente del Cabildo de Gran Canaria, Antonio Morales, empeñado en avivar pleitos para que el periodista escriba y el canarión fogoso se caliente mientras presume del árbol de navidad más grande de Canarias en la capitá más grande de Canarias y de la Macaronesia y del mundo mundial. Pío, pío. Y lo suelta, campante, en el mismo dialecto que nos caracteriza y une, aunque en su caso, aumentando la tensión en la articulación de la consonante sonora (/laddó/ en vez de /las dos/). Y en Tenerife bromeamos. Ja, ja, ja… Arráyate un millo, cristiano. Por su parte, en la tele de los reality, la joven Ana Guerra comenta, como quien no quiere la cosa, que su acento le parece feo. Y se amplifica el comentario y la crucifican en las redes sociales. Y no es para tanto. En tu derecho estás, mi niña. Eso sí, en la sociedad global en la que vives no te conviene renegar del redil fonético que te amamantó.  Despacito, la exitosa y pegajosa canción de Luis Fonsi, es la más escuchada de la historia. Y el puertorriqueño la entona, como es normal, en español meridional: Despasito. Así que mejor continúa comiendo cotufas, que las palomitas, en lo tuyo, son menos negocio.

Susana no se traba con estas cosas del palique. No tiene tiempo y el poco que dispone libre es para el ejercicio físico, que necesita como el aire para respirar: “En mi casa lo tenemos claro. Es una obligación. No hay disculpa que valga”. El sacrificio, que ya no duele porque es un hábito, compensa. Sus beneficios son evidentes solo con verla. Generan, subraya, equilibrio mental, satisfacción personal y felicidad. Parece claro que más de uno debería apuntarse a esto del machaque. Lo justo. La exuberancia en demasía, no. Los excesos no son buenos. Se trata de marcar lo necesario para que la pareja se deleite cuando se ponga al tajo.

Pero no todo se reduce a sudar la gota gorda. La alimentación saludable es esencial. Me lo confirmó hace algún tiempo el nefrólogo Benito Maceiras cuando nos echábamos un vasito vino y algo más. Y se comprueba con el orden nutritivo que maneja la protagonista de la revista famosa esa: superzumo de frutas de temporada, verduras, jengibre y jugo de naranja con su pulpa, frutos secos, ensalada, alguna galleta y café, y otra ensalada o tortilla francesa, pollo o unas lentejitas. Ideal para combatir el michelín. Este, con tilde.

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