Ilustración: María Luisa Hodgson

Érase una vez un nota medio calvo, coleta y, a veces, sombrero, y otras, boina. Un tipo que toca la guitarra en escenarios y en jolgorios de guachinche. Un nota de aquí, muy de aquí. ¡Pasa mano! De Tenerife y de un Archipiélago que se arrima al Sáhara, a la piel de cabra y al rojerío auténtico y tal. Ese que acaricia el tambor y los manises, viaja en una furgoneta guapa, algo cutre, como de proletario o surfero, lo suficientemente grande para que quepan los instrumentos. Un tipo crítico y alegre que se evade del sistema frenético y devastador que mantiene a personas desquiciadas, redentores que despellejan y mienten desde el púlpito para satisfacción de la jauría cómplice que consume ignorante e irradia desinformación e injurias. Patriotismos y honores vacuos. Elementos hábiles en la falacia que no comprenden la felicidad porque se empapan en sus miserias. Les falta un agua.

Voto por Kakó Rodríguez aunque estemos en las antípodas en muchas cosas. ¿Quién, hoy en día, mama de la sola teta? Le voto porque reúne a la parranda en torno a la mesa, porque es pacífico y los sueños suenan en su cante. Me arrimo al traste de sus cuerdas porque somos hijos del Teobaldo Power y eso va a misa. Con él me voy al monte, ese monte sabio del pino canario que resiste los envites de la tierra caliente. Me sumo al son de sus acordes para mover suave la cintura y gozar bajito. A su vera también acaricio el bongó mientras cerramos los ojos para acercarnos el susurro del afine. Y callo para agudizar el oído y apuntar porqué, a veces, los peninsulares no nos entienden. Y muevo los pies al compás de la calma chicha y al alimón del canarión Arístides Moreno y su horcon boys.

Mojamos en la salsa de ricuras comunes y renegamos de los grandes éxitos del musical de Jorge Javier Vázquez que arribará a la Güímar de la enchochada alcaldesa Luisi Castro. Difícil tomarse con buen humor la basura que arrastra la cloaca de Mediaset. Nosotros somos más de Kakofonías, la banda que continúa con la promoción de su tercer disco (Atención obras), un trabajo que contiene nueve temas, con un extra adicional para Canarias. La próxima actuación será el próximo 18 de enero en la sede de la asociación Equipo Para, la bonita casa de La Marina que fue del Capricho y de mis abuelos José y Mercedes. Al frente del concierto (reivindicativo y recreativo) estará el cuarteto acústico integrado por Cristina Ríos, voces y percusión; Álex Samarín, guitarrista, Juan Carlos Aranay, bajista, y Kakó, el padre de la criatura desinquieta. Pero no son los únicos. Si la fiesta pide más se suman Juan Luis Pérez, batería, e Israel Delgado, percusión. Familia bien avenida que viene y va (vengo o voy) para tirar lo viejo y reconstruir.

Después de las llaves de la moto de Palmera de cuando uno era un pibe, del Borracho hasta el amanecer y la cabra de Los Coquillos, los perros a rayas de Agustín Ramos, que se juntan a la nueva trova cubana al halo de la luna (a ella voy cuando me veo solo y camino a oscuras), el mojo y la gaviota del Caco, el vacilón sin fundamento de Juan Santana, la agüita de Olga Cerpa en su Mestisay, el folk de Non Trubada, las golosinas maravillosas de Pedro Guerra, los talismanes de Rosana, el timple de Benito Cabrera (ya cansa el latir de un solo pulso), el visto y no visto de Amatista y los éxitos facilones de Efecto Pasillo, poco más me ha alegrado el ánimo en estas ínsulas de un millón de estrellas sobre el Teide que las obras recientes de Kakó y compañía. Letras que brotaron en La Gomera y en Arico (para perderse) sin necesidad de asfalto y microplásticos, la palabra del año para la Fundación del Español Urgente.

Kakó se aseguró las garbanzas con la imagen y el sonido, y en el territorio comanche de La Guancha hizo escuela entre amplificadores y algunos baifos. Hoy sigue pegado a la música, como Rubén Díaz, el periodista que fue y ahora es un poeta que vive cantando. Y sin la música no puede. Es la savia que escucha y hace que la vida se torne sabrosa, ocurrente. Aderezos de folía, reggae, bossa nova, rock y charanga. ¿Hasta cuándo? Hasta siempre mientras vislumbre orillas y horizontes y haya gente que se ría de sí mismo sin buscar culpables de amarguras.

Si no existiese Kakofonías alguien tendría que inventar corazones templados con solos de eléctrica, palmas, cajas, teclados y pandereta. Si no existiese Kakofonías sería imposible imaginar un 2019 en donde triunfase el amor.