El caso es que la chicharrera saltó al terrero vernáculo para poner en su sitio al canarión. Ellos se lo guisan, se lo comen y, de paso, engodan al periodista sediento de titulares. Somos sabandijos. Entramos al trapo con suma facilidad. ¡Cómo nos gusta el pleito insular! Pollabobas. El político necesita al plumilla y viceversa. Encantados de conocerse. Y en este escaldón el mojo picón lo pone el presidente del Cabildo de Gran Canaria, Antonio Morales, que bebe de la misma fuente que Román Rodríguez. O sea, Nueva Canarias. Los canes nacionalistas del Nublo son azote de sus ex de enfrente y de al lado (alguno hay). Y es lo peor. Van a saco. Palo y tentetieso. Deben estar aburridos. El próximo año hay elecciones y necesitan avivar al alicaído sanedrín de Vegueta. Echan en falta la pelotera mediática que enardezca a la claque agradecida y pazguata. Estos vividores o caraduras o servidores (también) de lo público son de la vieja escuela, más vieja que escuela. Rancios. No saben qué es el Erasmus. Han viajado poco y la boina paleta les llega a los pies. De la cumbre a la orilla de Escaleritas. Y se les llena la gran boca de neoinsularismo. Consentidos y convencidos (necios), no se bajan del machito. Son expertos en dar pábulo a la bruja majadera. Cortas miras. Representan a la sufrida gente de la calle y a ella se deben. No me cuentes milongas. Machangadas las justas. A piar a otra jaula. La Canarias del siglo XXI está de vuelta, hasta los huevos de chorradas anacrónicas. Cansinos. Los paladines capitalinos y burgueses que participaron en enfrentamientos por la hegemonía económica, institucional y dos piedras tuvieron en tiempos pretéritos sus momentos de gloria y protagonismo en artículos y crónicas de caballería. Ahora no, cristiano. Ahora, la película es digital y se exhibe en alta definición y con cuatro mil píxeles de resolución. La innovación es lo más y hasta el wasap se apunta al business. Pero con estos bueyes hay que arar. Es la España que sigue siendo de cada provincia (de Finisterre a Orchilla) y del inmortal Forges que ilustra la visita al neurólogo: “¿Es grave doctor? Grave, no; más bien preocupante, porque no tiene absolutamente nada”. Pues eso.

Entonces, decíamos, Rosa Dávila, que es consejera de Hacienda del Ejecutivo del #EquipoClavijo que derrotó a Paulino y en su quehacer con Montoro garantiza el descuento de residentes y la firma de un nuevo convenio de carreteras y es vicesecretaria nacional de Políticas Sectoriales del #EquipoBarragán que derrotó a Paulino y es la niña bonita (micromachismo) del histórico Manuel Hermoso y que formó un trío inseparable con Dulce Xerach y Pilar Parejo, y que lleva, como tantos de aquí y de allá, toda la vida adulta afiliada y en su cargo debido, pone al nota azul y amarillo en su sitio y sentencia con datos (no se diga) que el Gobierno canario gastó en Gran Canaria 84 millones de euros más que en Tenerife de 2001 a 2016, una cifra que demuestra que existe un equilibrio exquisito, con diferencias que rondan el 2,4 % en 16 años. Esto es, el informe presentado por el presidente del gran cabildo es sesgado y retuerce la realidad para acomodarla a sus intereses. Tiene una clara intencionalidad política y falta de rigor, al mezclar, por un lado, cifras acumuladas de inversión por islas, con cifras promedio de la población insular, sencillamente porque se está desvirtuando la realidad archipielágica y el propio análisis. Gracias.

Y luego o antes Fernando (Clavijo) no pasa por alto la pataleta y canta con Benito Cabrera una sobre el mismo mar. Un aperitivo irreprochable para el decimoséptimo encuentro de murgas de Canarias que se celebrará hoy sábado 24 de febrero, si el tiempo no agua la fiesta, en la plaza de la patrona en Candelaria. Entonarán los invitados Bambones y las premiadas Trapasones, Ni Pico-Ni Corto, Nietos de Sarymánchez, Zeta-Zetas, Serenquenquenes y Mamelucos. Juntas pero no revueltas. Pitos de Las Canteras y Las Teresitas. Letras de Santa Catalina y La Noria. Un Cubanito muy formal aunque usted lo tome a mal. Un carnaval dechado en medio de un circo de vetustos pleitistas.