Ilustración: María Luisa Hodgson

Beatriz Pitti estudió Psicología en la Universidad de La Laguna, aunque lo suyo no era analizar conductas ni procesos mentales más o menos complejos, sino la coctelera. De esta forma, tras currárselo en el Basque Culinary Center de San Sebastián, se ha erigido en la mejor barmaid de Canarias, que no barman, que es cosa de hombres. Sin embargo, la Real Academia Española indica que esta última acepción es válida para los dos sexos. O sea, la barman y el barman. Pero el sufijo varonil chirría en el colectivo. No es igual una pera que un higo chumbo. Hace tiempo que el debate del lenguaje inclusivo salpica a la docta y flemática institución, incapaz, por ejemplo, de eliminar de una puñetera vez eso de que la peluquera es la mujer del peluquero, aunque sea coloquial y poco usado (sic). Los académicos minúsculos y mayúsculos los tienen cuadrados. Y las académicas, también, como la concejala de Ciudadanos Evelyn Alonso.

Resulta que la Pitti, que se afana en el restaurante La Chachi de Javier Gutiérrez y Nacho Zerolo, presenta brebajes muy apetecibles en la estilosa revista Fama. El último (Piña colada de aguacate) está de muerte. Los cócteles son una muy buena opción si se quiere huir del ya cansino yintónic y su parafernalia en copa de balón. Además, hay horas que no invitan a la cerveza, al vino o al agua gourmet. Por cierto, acabo de engancharme a una rubia franciscana muy apetecible. Es alemana, como Angela Merkel. Mejor que cualquier birra del Reino Unido del populista y sonrosado Boris Johnson, que tiene un aire a Benny Hill para desdicha del difunto cómico inglés, hoy políticamente incorrecto. Involución de una sociedad ególatra incapaz de reírse de sí misma, asienta la sabia actriz Yanely Hernández. Con ella me perdería. ¡Ay!

Me gusta la canciller y sus andares gomeros, que no precisan enredarse en el revuelto Consistorio de Valle Gran Rey. Si acaso en alguna casa de comidas de por ahí: Efigenia, en Las Hayas, o Conchita, en Arure. Antoja Junonia para desconectar de la tensión y surrealismo creciente de España, un país que, sabemos ahora, nunca tuvo un comité de expertos que asesorara al Gobierno de Pedro Sánchez en la desescalada de las autonomías y las provincias. Encumbrada picaresca que ensalza al mentiroso Lazarillo. Bailes al ritmo de ingentes voces acólitas calladas como tusos. Amor ciego, embriaguez pasional… El síndrome de Anna Karenina enajena. Mientras, los contagios diarios se multiplican en julio por ocho: de 388 a más de tres mil, incluido el de La Graciosa, y la economía española se desploma un 18,5 por ciento durante el segundo trimestre. In your face.

El miedo y los números invitan a un agosto en casa. Toca recato y algún desmán o cana al aire para desquicie de la paciente Benemérita. El Médano atestará mascarillas de toda la vida entre comentarios de la jugada, camarones y cañas bien tiradas. Sería ideal salir de Canarias y del show ibérico en jet. Pinchar discos en Las Maldivas con Jenny del Olmo seduce. No obstante, hay quien recomienda adoptar un perfil bajo y comulgar con ruedas de molino. Bajar la guardia en territorio de espabile y puertas de atrás. No queremos héroes. Para lo que queda en el convento. Al final, tarde o temprano, compraremos en Media Markt una tele de 55 pulgadas. Septiembre está a la vuelta de la esquina. Un año y otro y otro. Perros y collares. El nuevo orden mundial, dicen, llegará cuando el 18 de febrero de 2021 el Atlas V se pose sobre la superficie de Marte. La misión Mars 2020, de culminar con éxito, hará historia. Y la sufriremos. O no.

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