Ilustración: María Luisa Hodgson

Ha caído en mis manos un librito encantador con páginas perforadas por la carcoma. Se titula Tenerife, visto por los grandes escritores. Fue publicado en 1933 por Publicaciones de La Prensa y reúne, bajo una ilustración de Davó en la cubierta (cuatro frondosos pinos custodian al Teide), las impresiones de cuarenta personalidades de la época vinculadas a la literatura, la política y el periodismo. Vicente Blasco Ibáñez, Adolfo Cabrera Pinto, Julio Camba, Ángel Guimerá, Alejandro Lerroux, el conde de Romanones, Miguel de Unamuno, Eduardo Zamacois y Luis de Zulueta son algunos de los cronistas que, con la alambicada prosa de entonces, describen la belleza isleña, algo así como lo que cincuenta años después, con otra narrativa, plasmase Lawrence Durrell con las Islas Griegas.

Entre las firmas descubro a una mujer, Carmen de Burgos. Desconocía su existencia. Leo que fue una vigorosa activista feminista y la primera mujer corresponsal de guerra de la historia de España. Su texto seduce, a la par que perturba la comparación con Andalucía: “Ante todo, es Tenerife un país de luz, de claridad, de transparencia; todo es diáfano y azul, y, al mismo tiempo, sin exaltación, calmoso, perezoso, dormido, sereno: una Andalucía sin pandereta. Pero lo que domina en Tenerife, lo que absorbe todo, es la hermosura de la naturaleza. No puede concebirse nada semejante a Tenerife. Es un sueño, algo de cuento persa, desde su aparición”.

Llama la atención, además, un párrafo del también periodista Alejandro Lerroux, quien aprovecha su vertiente política (fue fundador del Partido Republicano Radical en 1908) para reivindicar el papel de Canarias en el Estado. “En el disfrute del Poder público, todas las regiones, con excepción de Canarias, han tenido su parte. Hubo una época en que todo el Gobierno era de gallegos; hubo otra época en que todo el Gobierno era de andaluces. Para Canarias no hubo más que olvido. Vosotros, pues, debéis decir al Gobierno, ya que se os regatea vuestra parte en el Poder público: tenemos derecho, por lo menos, al cariño de España; que España demuestre más atención y más celo por estos pedazos de la patria”. Lerroux, que fundó su partido como oposicion al crecimiento de las organizaciones nacionalistas catalanas, apela, igualmente, en renglones siguientes, a la industrialización de Tenerife, apuntando una frase para la historia: “Guardaos de reposar a la sombra de vuestros platanares. Podrían convertirse un día en sudario de vuestra riqueza”.

Vienen a colación estas muestras de amor por el terruño tras hacerse público hace unos días que la calle Alcojora, en Adeje, está entre las más caras de España para comprar una vivienda. Así, en la exclusiva vía se llegan a pagar hasta cerca de tres millones de euros, cifra que atestigua el crecimiento y pujanza del sur de Tenerife. No obstante, la realidad del mercado no va pareja a la inversión pública en infraestructuras. Parece que el aeropuerto Tenerife Sur no estará dentro del plan de inversiones del Documento de Regulación Aeroportuaria (DORA 2022-2026) pese a que lo anunciase en noviembre pasado el todavía ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, José Luis Ábalos. De confirmarse la noticia, la terminal definitiva tendrá que esperar mientras caen millones al Josep Tarradellas Barcelona-El Prat. El socio independentista del presidente Sánchez tiene preferencia a la histórica demanda de la instalación aeroportuaria que inauguró la reina Sofía en 1978, sometida desde esa fecha a continuos parches que impiden que sea el único de los grandes aeropuertos de España sin terminal de nueva generación.

Llueve sobre mojado. Y la perenne flojera tinerfeña no se viste ahora del victimismo desgastado de Coalición Canaria, pues el color político de la cruz de San Andrés es, en la actualidad, idéntico al que ondea en La Moncloa. El perro chico apenas rechista en ultramar. Solo la clase empresarial interpela, alerta por activa y pasiva (la vida le va en ello) de la desidia de quienes se sientan en poltrona electa.

Ya cansa que la sombra de Echeide deje de ser alargada.