Ilustración: María Luisa Hodgson

Ni macho alfa ni mujer empoderada. Estos perfiles no van con uno. Así que mejor ciclista empoderado. Sobre todo a primera hora de la mañana cuando, flemático, adelanto automóviles pacientes y automóviles disparatados que maniobran al límite para someterse a la cola diez metros después. Fácil superarlos en las carreteras de Guamasa y San Lázaro si el tráfico se congestiona, tónica habitual de lunes a viernes. Sucedía con Carlos Alonso y sucede con Pedro Martín. La vida sigue igual. Eso sí, mientras en tiempos de Coalición Canaria la calle hostil combatía los atascos, con el PSOE la calle hostil calla. Y calla, de igual forma, aunque la factura de la luz sea la más abusiva de la historia. Pena de país maniqueo. Pena de gente sectaria que reprueba a Juana y no a la hermana. Pena que desde el Gobierno de España se desacredite una condena en firme del Tribunal Supremo porque su señoría el paisano Alberto Rodríguez es antifascista. A la familia no se la toca. Al resto, sí. Kale borroka. Patear a un policía, oiga, no es delito.

No nos engañemos. La congestión del tráfico no es asunto ideológico, más bien, epicúreo. La fauna antisistema y anti, la fauna facha, la fauna liberal, la fauna hastiada, la fauna, en general, viaja motorizada desde casa hasta el puesto de trabajo o hasta la Universidad porque le sale de las gónadas. Y las gónadas, el bienestar y el acomodo van a misa. Luego, más tarde, sacará minutos para las ballenas piloto, la niña Greta Thunberg, el cambio climático, la soflama y el apocalipsis zombi. ¿Qué hay de lo mío?

El caso es que moverse en bicicleta eléctrica es tendencia (en patineta, también). Por el momento, no he dado el paso al deporte del ciclismo. Ni creo que lo dé. Lucir maillot y culote, o sea, pantalón corto ajustado, no es lo mío. Prefiero usar la bici como medio de transporte habitual y presumir de la chula chupa de cuero que compré en un rastro de Buenos Aires. Con ella puesta, por cierto, ya he impactado contra el suelo en dos ocasiones librándome de rasponazos no deseados. Bendita prenda porteña. Gajes de las dos ruedas. Será mi torpeza o que numerosas calles de La Laguna merecen un buen reasfaltado. El joven alcalde, Luis Yeray, debería darse una vuelta por su patrimonio de la humanidad y poner a prueba habilidades de manillar, sillín y pedaleo. Se daría más de un sobresalto.

Gracias a la bicicleta, además, he reducido considerablemente el número de veces que cojo el Tranvía. Confieso que le tengo afecto. No obstante, cada vez es más insufrible. Lo último, un pibe barbilampiño, maleducado, gaznápiro, tocapelotas, cretino, lechuguino, palurdo, patán, zoquete… que se empeñó en que el pasaje digiriese la música cargante que salía de su teléfono móvil. Con buen talante le sugerí (oye, mano) que cortase el concierto o que tirase de cascos. Ni caso. Es más, el primate, piltrafilla, pazguato, melón, papafrita, ceporro, petimetre, niñato, pollopera, pocasluces, caracartón… subió el volumen. Y así hasta la parada del Padre Anchieta. No sé si er nota se arrepintió más tarde de la actitud, pero sí tengo claro que el bobomierda nunca se dará por aludido con este artículo. Dudo que sepa leer dos frases seguidas. Cae pa’lante y come hierba.

Bajemos el tono. Autocrítica. Admito que desconocía la existencia del ganador del Premio Nobel de Literatura, el tanzano Abdulrazak Gurnah. De nuevo Haruki Murakami se ha quedado con las ganas de ser reconocido por la Academia Sueca. Tanto, que El Mundo Today ha publicado en un tuit que la novela más reciente del superventas japonés aborda la esquizofrenia de un escritor que se vuelve loco y mata a todo el jurado del Nobel (fake).

Termino. Sugiero que la Fundación del Español Urgente elija empoderamiento como palabra del año en 2021. Ya toca tras escrache, selfi, refugiado, populismo, aporofobia, microplástico, emoji y confinamiento.

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