Entre piteras y en un taller de escultura en el municipio de San Bartolomé, en Lanzarote, el sol raja las piedras, el viento golpea entusiasmos y la brisa refresca sudores. La instrucción escultórica de Paco Curbelo, Itahisa Pérez Conesa y Daniel Pérez guían una intervención sobre el territorio que respira aires de geria. Experimentación, creación e incursiones para recolectar materiales. Se trata de acercarse a esa falta de sombra natural que tiene la sociedad. No hay segundas. El primer Campus de Escultura, Arte y Naturaleza que organizan la Universidad de La Laguna y la Fundación Curbelo Santana en tierra media se asienta sobre un paisaje creativo que se despierta todas las mañanas en un container de literas y desayunos soñolientos y ojipláticos, melenas revueltas y algún insecto que parece de otro mundo y sigue su camino. Miradas, silencios, risas y arietes que empujan críticas y lluvias de ideas. Y en la frontera, el artista Jonay Darias, un pirata en costa volcánica, aviva el crisol. Engatusa al igual que el arquitecto surfero Gabriel Nicoloso que trabaja el bambú como material de construcción. Un oso panda formado en San Diego, a unos cuantos kilómetros de Tijuana, ciudad fronteriza de espaldas mojadas, tequila y sueños. Querido cabrón. Y querido productor, Tomas Pérez-Esaú, eficaz gestor cultural que arropa, cuida, vigila, ampara, soluciona campo a través y ríe en el cansancio. Nos enredamos en su trasmallo.

Tatuajes, pírsines, pañuelos en la cabeza, máscaras protectoras y guerreras, mazos, soldadoras y cantes en torno a una hoguera. Efervescencias y estampes en camisetas Hugu que vuelan en el pulpo serigráfico. Y una batería sin baquetas y otro artista que galantea: Néstor Curbelo. Esto es un saco sin fondo, una galería infinita que absorben (ojos abiertos) estudiantes de Bellas Artes y Periodismo, y de la Escuela de Arte Pancho Lasso de Arrecife. Incansables. Buenas caras hacedoras de un futuro que se forja todos los días.

Con el permiso de Paco Curbelo, lo mío con Rufina Santana es un amor a primera vista. Nos conocimos en el Hotel Fariones junto a otra artista, la diseñadora María Cao. Y hoy, unos cuantos meses después, abrazamos un Campus de Escultura, único en España, que sacude ímpetus. Normal que Lanzarote acoja magias. En esta sociedad acostumbrada a la costumbre necesitamos gente transformadora, gente que proponga y zarandee. Encantamiento para la Universidad de La Laguna, institución, como tantas otras, en donde siempre vuelan aires de inconformismo. Fácil rondar con la Fundación Curbelo Santana.

Las facultades de Bellas Artes y la mía, la de Ciencias Sociales y de la Comunicación, han puesto una pica en San Bartolomé y de aquí no nos movemos (cómplice el alcalde, Isidro Pérez, y Myriam Barros y Alberto Aguiar que alientan desde el Cabildo). Esto no ha hecho más que empezar y prepárense representantes políticos. Queremos más. Pero no para el equipo de docentes, sino para el brillante alumnado que nos acompaña. Ansían adueñarse del presente mientras se impregnan del suelo frágil y embaucador de Lanzarote. Un día contarán que durante una semana de julio bailaron con arena negra y ocre y cobriza. Con una palmera en el horizonte y estrellas que iluminan las montañas de Tamia, Mina y Blanca.

Fernando Higueras, el arquitecto del Hotel Meliá Salinas, dijo una vez que la mejor intervención que había realizado fue cuando, en un proyecto, lo dejó todo tal como estaba. Con esta filosofía (humildad, tolerancia, humanidad…) ha nacido el Campus de Escultura, Arte y Naturaleza de Lanzarote. El amor al espacio engancha. Aguijonea el flirteo a tantas cosas bellas.

La isla canaria que pobló el pueblo majo ilumina agitaciones con causa. La isla canaria que alumbró a César Manrique es nuestro refugio. Fragua arcana.

Y fascina la noche con fideos costeros que tiempo ha navegaron hasta África y hoy alimentan aspiraciones siemprevivas en peanas de hierro, piezas de bronce y asientos de lava en el erial en torno a pitones invasores.