Ilustración: María Luisa Hodgson

La Universidad de La Laguna ha habilitado estos días el proceso de preinscripción extraordinaria. Tras culminar en julio el periodo ordinario, todavía quedan disponibles 953 plazas en veintitrés titulaciones. Un nuevo curso académico asoma a las puertas. Más de lo mismo o una oportunidad para que quienes formamos parte de la Enseñanza Superior nos impliquemos de verdad, sin postureos intelectualoides, en la transformación social que requiere la humanidad, tan lejana (global) y tan próxima (local), nunca tan informada, prepotente y segura de sí misma y, como siempre (se olvida), igual de frágil. Sin duda, juega un papel fundamental la formación que recibe el alumnado que en el futuro desempeñará liderazgos en el marco de su actividad social y profesional. Pero hay más.

El reto de transformar la sociedad desde la Universidad se enmarca en la denominada Responsabilidad Social Universitaria (RSU). Las instituciones de Enseñanza Superior, en sintonía con lo que propugna la Unión de Responsabilidad Social Universitaria Latinoamericana (Úrsula), deben entender los desafíos a los que la sociedad se enfrenta hoy en día. Uno de ellos es especialmente crucial para la humanidad: luchar contra el cambio climático, realidad que el sociólogo y filósofo francés Edgar Morin define como “Titanic planetario”. En esta línea, es esencial apoyarse en la Agenda 2030 de la ONU, hoja de ruta que recoge los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), estructurados en cinco estrategias (5 p): personas, Planeta, prosperidad, paz y alianzas (partnership).

La Educación Superior, que influye tanto, tiene que aprovechar su alcance: formar en competencias y en valores que conciencien en la búsqueda real del cambio necesario. La buena formación universitaria es clave para la responsabilidad social. Por eso, recalca Úrsula, la RSU no es una acción filantrópica, un compromiso social, sino una responsabilidad transversal y obligatoria para todo el conjunto de la Universidad. 

La Ley Universitaria del Perú es un ejemplo, tal como deja patente su artículo 124: “(…) La responsabilidad social universitaria es fundamento de la vida universitaria, contribuye al desarrollo sostenible y al bienestar de la sociedad. Compromete a toda la comunidad universitaria”.

Descubro una cita de Sartre que engancha: “La sociedad es una obra humana sin autor”. No obstante, se asienta desde Úrsula, “esta realidad no nos exime de asumir la responsabilidad de su conducción y perfeccionamiento”. Está claro.

La RSU cuenta, además, con un aliado inmejorable en la metodología docente del Aprendizaje-Servicio (ApS). Como apunta el profesor de la ULL Francisco Javier Amador, “el ApS mejora los resultados de aprendizaje del alumnado y contribuye a su desarrollo personal y social. Mejora su sentido de responsabilidad social y compromiso cívico. Es una manera de entender la Universidad”. Gran trabajo el que realiza el colega adscrito al Departamento de Economía, Contabilidad y Finanzas. 

Estas premisas requieren asentar nuestro compromiso con la RSU. En mi caso, como integrante de la Universidad de La Laguna, estoy obligado a ser un agente activo y a inculcar esta responsabilidad entre quienes se dedicarán al periodismo en el futuro. El profesor de Comunicación de la Universidad Austral de Buenos Aires Fernando Ruiz no deja lugar a ambigüedades: «Allá donde se construye un muro de indiferencia a la injusticia, se consolida un embalse de víctimas que no reciben sus derechos». Con esta premisa, la comunicación se erige en pieza primordial de la RSU y del ApS. Nos aproximamos al denominado Periodismo Constructivo, un movimiento a favor de un periodismo comprometido con dar soluciones a los desafíos sociales.

Pero queremos más. Conscientes de que la responsabilidad social pide acuerdos multiactorales para la solución de los problemas (corresponsabilidad colectiva), la Universidad precisa suscribir convenios de colaboración con entidades públicas y privadas. Se trata de mitigar hasta eliminar los impactos negativos y promover impactos positivos que logren la metamorfosis social deseada. Urge crear un Mundo mejor, provocar cambios. Úrsula lo tiene claro y quien escribe este artículo, también.