Ilustración: María Luisa Hodgson

Diez mil millones de mujeres y hombres interactuarán en 2050 con la tierra que pisamos y la mayoría lo hará en el entorno de tramas urbanas más o menos densas. Si para entonces continúo por estos pagos espero no haber perdido el buen humor. Al tiempo, confío vivir en un mundo (chico y grande) más saludable gracias a mi pequeña aportación y a la del resto de seres humanos comprometidos con el impacto positivo. Y aunque la existencia actual inquieta, perturba, asombra, genera rechazo…, tanto a pie de calle como en palacio, consuela que todavía sigamos por aquí después de que pensantes como Schopenhauer o Nietzsche no mostrasen confianza en el futuro de la humanidad. La capacidad de resiliencia es asombrosa. Reconforta la existencia de tanta gente buena y sabia que rema contra la corriente de la hijoputez, la prepotencia y la ignorancia. Con miserias y bueyes hay que andar, incluso en el metaverso. Naturaleza frágil.

En este medioambiente maravilloso y sangrante la tecnología avanza cada vez más rápida, tanto que la matemática Macarena Estévez ya habla de singularidad tecnológica al llevar el límite de esta velocidad al infinito. Convertimos los datos en información y esta en inteligencia. El dato se ha erigido en un valor que cotiza al alza. Es el rey del mambo. Cuando entran en juego millones de datos necesitamos a las máquinas para crear sistemas dinámicos que organicen, planifiquen, recreen… Entra en juego la inteligencia artificial con el objetivo de solucionar problemas en cuestiones en donde la presencia humana es un freno. Normal. Conocemos nuestras limitaciones… y ventajas. No podemos competir con el algoritmo, pero sí utilizarlo. La Paradoja de Moravec describe un escenario complementario: “Las cosas que son fáciles para las personas son difíciles para las máquinas y viceversa”.

Hace veinte años descubrí con el arquitecto codirector del Plan General de Ordenación Urbana de Santa Cruz de Tenerife, Juan Manuel Palerm, la revolución del maping, nuevos retos que posibilitaban un conocimiento mucho más profundo de múltiples aspectos: transporte, seguridad, migración, contaminación… Ahora observo que aquellos avances son prehistoria debido a la geolocalización, tecnología que ayuda a tener una visión integral, holística, del territorio. Se trata de conectar mundos y visualizar, representar, realidades en mapas que se presentan como gemelos digitales.

Al igual que, en la actualidad, hablamos del periodismo predictivo (¿qué pasaría si?), los datos detallados de población, edificios, arboleda… se utilizan en cartografías digitales que proporcionan análisis detallados de posibles consecuencias. Es el caso, por ejemplo, de la predicción a tiempo real de la propagación de incendios forestales. En el Archipiélago, el Cabildo de Gran Canaria ha tomado la delantera al contratar los servicios de la empresa Tecnosylva. Su director, Javier Blanco, tiene claro que el cambio climático aumenta la frecuencia y severidad de los incendios, por lo que las administraciones públicas, apunta, “deben afrontar el riesgo con un enfoque proactivo en la planificación”. De esta forma, afirma que los sistemas de información geográfica que utilizan, desarrollados por la multinacional estadounidense Esri, posibilitan determinar los caminos del fuego y su comportamiento, esencial para la toma de decisiones y la protección de la naturaleza e infraestructuras. Lo compro.

El trabajo (aprendizaje continuo) se transforma y las máquinas, a su manera, también aman la vida. Lo vemos bajo la lluvia en la distópica Blade Runner (Ridley Scott, 1982) cuando el replicante Roy Batty salva a Rick Deckard. Y lo vemos en el día a día de la innovación constante que se origina en centros de investigación y empresas. Esto no hay quien lo pare. Incluso, la cacharrería tecnológica del software Dall•E 2 (juego de palabras con el nombre del pintor surrealista de Figueras y el robot Wall•E) crea ilustraciones artísticas a partir de descripciones en texto.

La inteligencia artificial emociona y resuelve. Eso sí, luego hay que echarle kétchup.