
Ilustración: María Luisa Hodgson
La ventolera se asocia, tradicionalmente, a la locura. Lo estudió la escritora y filósofa Elsa López en un pueblo del norte de La Palma y lo describió Leocadio Machado en el libro El loco de la playa (1925), ambientado en El Médano. Y así es. Quienes surfean en la costa ventosa de Granadilla de Abona confiesan estar majaras por las olas y la tabla. Lástima que la presencia de la bacteria E. coli sea recurrente, también en el Puerto de la Cruz y en otras zonas de Tenerife, paraíso empeñado en emponzoñar la poesía del rompiente. No hay esfuerzo ni sudor ni canto de caracolas que exija de una puñetera vez la ejemplar conservación de los emisarios y una eficaz política de implantación de depuradoras, entre otras medidas urgentes. ¡A la mierda los culos que sostienen tanta desidia! Duerme la calidad ambiental de la bandera azul en el légamo de excrementos instalados en retretes oficiales.
En medio de la diarrea mental se agradece el viento que mueve sillas y embelesa la enajenación por Montaña Roja y sus médanos, aunque la arena se meta en los ojos. De espaldas a las ráfagas nos refugiamos en la vela y en el Flash Point. Hoy los zumos del día son de remolacha, piña, zanahoria y naranja.
Fernando de Magallanes fondeó su flota frente a La Tejita en septiembre de 1519 para avituallarse antes de continuar la travesía atlántica. La vuelta al Mundo, que completó Juan Sebastián Elcano, merecía carne cabra, agua potable y leña para los fogones de las naves. Algo más de quinientos años después, la tierra que fue del menceyato de Abona continúa recibiendo visitantes pese a la espuma del papel higiénico y el óxido que herrumbra el entorno de El Cabezo. Es el hechizo del rojo: pasión, energía, peligro… Es la protección de Nuestra Señora de las Mercedes de Roja y el arroz que sirve David Amador en El Picú de la plaza encarnada. El cantante, cocinero y fraile no tiene un pelo de tonto.
La experiencia vinculada a la práctica de deportes náuticos y a loqueras crepusculares despierta al esqueleto, ávido de volar sobre el océano junto a gaviotas y chorlitejos. La adrenalina corre a todo trapo embutida en neoprenos ardientes de saltos de tigre. Solo la bicicleta corroída por la maresía, en medio de escurridos balos y tarajales, deja pasar el tiempo ajena a las mareas. La máquina desengrasada, abandonada por el hedonismo, no es consciente del deterioro.
Con el Wind & Waves Festival, entre la Chica y Punta Pelada, seguirá la fiesta. El evento reunirá hasta el 9 de agosto a la élite internacional del windsurf. Instituciones y marcas patrocinan el Open, el Junior y el Masters sin planchados, lavados y barridos. En El Médano se apaga la infancia y se encienden los besos de tornillo. Don’t worry. Be happy!
Enfilamos el paseo El Picacho desde el Hotel Médano, Bien de Interés Arquitectónico Municipal y Patrimonio Arquitectónico de Granadilla de Abona. Dejamos atrás los calamares de Casa Fefo y los platillos cabrones de Mala Vida. Caminas de la mano, calmoso, con cholas Reef y sabor salado. El ritmo del verano, alejado del remolino de las cosas, no es real. Imaginas. Vale la pena sumergirse en la lírica de los colores de la calma chicha. En los balconcitos comidistas de El Timón embate el mar. Así será el final. Después, camarones, plato pulpo, pescado fresco y el muelle.
«No, woman, no cry / Everything’s is gonna be alright«, canturreas bajo la Luna llena atada a Montaña Bocinegro. Cuando nada. Y en el Agua Café descansaré cuerdo del viento.
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