Hubo una vez un plátano que Lorenzo Olarte, por aquellos años consejero de Turismo de Canarias, llamó Guanchito. Y la mascota, a la que no tardaron en calificar de guanaja, recorrió la Península Ibérica en tren exhibiendo las bondades de nuestra tierra acariciada por los alisios. El experimento, que eso fue, no cuajó para alivio de los isleños empitonados contra el despropósito acometido con dinero público. Ahora meo ahora pienso. Nunca hubo una muerte más anunciada. Guanchito, como Santiago Nasar, dejó de existir, pero al contrario que al joven que degollaron como a un cerdo, la fruta sabrosa, necia, simple y tonta cayó en el olvido. Hay quien dice que se oculta en el Monte Lentiscal al amparo de quien fuera su mentor. Otros, que consume su desdicha en San Borondón, pero no parece. La cámara fotográfica de Carlos Schwartz no dio con ella cuando exploró la Non Trubada. Aunque, la verdad, a pocos importa el paradero de la desdichada. Ya sufrió lo suyo entre vagones y andenes de meseta. Ahora, la atención mediática de por aquí tiene al infausto concejal Zebenzuí González en el ojo del temporal. Hay trinche para rato. Incluso, la cuestión catalana también suscita filias y fobias en este pueblo ultraperiférico de piel de cabra y cortas miras. O mirada atlántica, según quien mire. Lucha canario. Por cierto, Elfidio Alonso, que ya no juega al garrote ni baila la sardana, ha sido honrado con el premio Patricio Estévanez que concede la Asociación de la Prensa de Tenerife de Salvador García Llanos y demás periodistas. El acto de entrega del galardón será el próximo mes de enero y, si hace frío, el sabandeño, que fue redactor jefe, lucirá manta esperancera, que es lo último que se pierde… Guiños de folclore y leyendas de pasión que no comulgan con barricadas ni cócteles molotov que ya asoman, por lontananza, en procés ideológicos de guerrilla, pero que sí nos acercan al almendro, a Beneharo, el mencey loco de Anaga de Viera y Clavijo, Ramón Gil-Roldán y Elfidio: “Su añepa nunca abatida, / victoriosa paseaba / desde la orilla del mar / hasta la cumbre escarpada / de las selvas que coronan / el Valle de Taganana”.

Sancho de Herrera, Fernán Peraza, Francisco Maldonado, Bencomo, Añaterve, Guacimara y Ruymán, el guerrero Hautacuperche (imponente en el mar gomero de Valle Gran Rey)… protagonizan poemas épicos e historias de un pueblo con memoria que nunca ha renunciado a su identidad. Y sacamos partido y provocamos y forzamos. En ocasiones, incluso, lo hacemos fuera del tiesto y jugamos, ilusos, al enfrentamiento. Así no.

Y el catedrático de Universidad me cuenta que esos hijos de Nivaria y de otras islas canarias con arrestos nacionalistas son necesarios para el entendimiento con el godo, que existe. Lástima que después broten elementos a la sombra de una sigla, al cobijo de políticas mediocres que amamantan a cachorros y añosos sin puta idea de quién fue Antonio de Viana. Guanchitos aplatanados arropados por nuevas estrellas fugaces que venden futuro, innovación, esfuerzo… Que despachan motos formativas animadas en tres dimensiones. Estafas de la educación en Canarias.

Frente a estas miserias de corral, la atlanticidad debe empujar fuerte y mirar desde la Macaronesia al mundo. Posiblemente, somos más canarios y universales gracias a Elfidio Alonso y a sus acordes de caracola; envites hacia otros ritmos americanos y latinos que (tun tun) abren murallas.

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