Ilustración: María Luisa Hodgson

Al guanche lo que es del guanche. Ni más ni menos. Y sin ánimo de ser majadero, pero sí, Maximiano Trapero, catedrático de Filología Española y profesor emérito de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, y Premio Canarias 2017 en la modalidad de Patrimonio Histórico, identifica a los topónimos canarios con guanchismos. O sea, mete en el mismo lebrillo lingüístico a todos los aborígenes que poblaban las Islas antes de la conquista castellana, que no española. Poca gracia le haría este rebumbio contemporáneo de baifos con catalufas a los menceyes Beneharo, Añaterve, Pelinor, Acaymo o Bencomo. Pero la sombra del Roque Nublo, que agigantase Alfredo Kraus, Mary Sánchez y Los Gofiones, mueve carretas y carretones de romería con papa negra y vino del país. La Gran Canaria, de siempre, arrima pa Vegueta. Es el complejo del guanarteme, incansable en su pío pío, encantado de grandilocuencias cuando vive, como uno, en medio de unas minúsculas rocas ultraperiféricas al oeste del Sáhara. O, tanto da, como el perro vagabundo Faycan de Víctor Doreste, en el barranco de Guiniguada. Mi patria…

Y Canarias se dividió en dos provincias. Y, luego, repartió Parlamento y Delegación del Gobierno. Y los marianos de Teror azuzaron a su Señora del Pino a compartir patronazgo con Chaxiraxi. Y Manolo Hermoso y Adán Martín y Paulino Rivero se erigieron en los mejores presidentes que ha tenido el Cabildo grancanario. No vayan a decir. Y, ahora, Fernando Clavijo y el secretario general, José Miguel Barragán, y demás estrellados verdes, tienden la mano a Román Rodríguez, que es más de allí que de aquí, a un año de las elecciones. El nacionalismo nivariense que llama a la unidad. O las orejas al lobo.

Canarias una y siete según qué y para qué. Gente de malpaís y salitre que separa y hermana a conveniencia para ganar la partida. ¡Chico fuera! Algo así como el recién presentado Diccionario de toponimia de Canarias: los guanchismos de Trapero, quien, amparado en la RAE y en la Academia Canaria de la Lengua (segunda acepción), identifica al guanche con el individuo del pueblo que habitaba las Islas Canarias en el tiempo de la conquista. O sea, esquiva el primer significado de la ACL: aborígenes de Tenerife. Parece claro, visto el andar, que filólogos hay que justifican la asignación generalista al considerarla arraigada en el vulgo. Será, oiga, en la Piel de Toro, Escaleritas e influencers adeptos, porque en Anaga, Abona, Adeje, Daute, Tacoronte y demás menceyatos tienen claro que el guanche solo intercambió guanchismos al abrigo del Teide, que no del Mulhacén, Bentayga, Teneguía, Agando o Tindaya.

En fin. Si las momias del Museo de la Naturaleza y el Hombre de la capital tinerfeña levantasen la cabeza para dar algún variscazo que otro en defensa de lo suyo, chocarían con la contestada gestión (vox populi) de la consejera insular Amaya Conde, quien, sola y aburrida, olvida, por ejemplo, el cincuenta aniversario de la fundación del Museo Arqueológico de Tenerife. Pena. Eso sí, en sintonía con su formación en cosas de igualdad, acaba de convocar un concurso para cambiarle el nombre al centro pues el sustantivo que lo remata, dice, no es inclusivo desde una perspectiva de género. Y en esto (lo cortés no quita lo valiente) tiene razón, aunque contradiga al “Hombre” de la RAE andrógena que no votó a nuestra Dolores Corbella: “Ser animado racional, varón o mujer”. Con el diccionario, de nuevo, hemos topado.

Revueltos en el jaleo de apreciaciones, me quedo con el juicio del director general de Patrimonio Cultural del Ejecutivo autonómico, Miguel Ángel Clavijo. Los guanches, bimbaches, gomeros, benahoritas, canarios y majos están encantados con él. El profesor adscrito al Departamento de Geografía e Historia de la Universidad de La Laguna es una de las pocas excepciones ilustradas del panorama nacionalista. Y no es aventurado afirmar que, por primera vez, el Archipiélago cuenta con una estrategia bien definida de cara a la recuperación, conservación y difusión de sus legados. Desde la victoria militar de Acentejo (o derrota, según se mire) hasta la actual España de sentencias espantables, miserias partidistas y complicidades mezquinas de colegas a sueldo (Eduardo Inda), no ha habido en Canarias, posiblemente, político más competente y atractivo. Tiene un aire a Mel Gibson.