Ilustración: María Luisa Hodgson

La consejera de Turismo de Canarias, Yaiza Castilla, ha anunciado el desplome de la primera industria insularia. Apocalíptico e innecesario comunicado. Pocas luces que enervan. Otras intervenciones, en cambio, provocan mofa, como la declaración que formuló el avispado ministro de Consumo, Alberto Garzón, cuando aseguró que las apuestas vinculadas a las competiciones deportivas se han reducido de manera extraordinaria. El caso es que la política de la Agrupación Socialista Gomera reveló que ha solicitado al Gobierno central un plan de choque extraordinario contra la crisis que se avecina considerando que 2020 finalizará con una caída del ochenta por ciento en el número de turistas: de 16 millones previstos a tres. Visto así, las Afortunadas se aprestan a sufrir la peor pesadilla de su historia. No necesitaremos kellys para tanta cama impoluta ni bármanes para barras desiertas de hooligans del Liverpool que, lechosos y mohínos, confinados en La Caverna, destilarán lágrimas mientras entonan el You’ll Never Walk Alone.

El Ejecutivo autonómico aventura que la pandemia nos arrastrará en lo que queda de año al cero turístico, pues a mediados de marzo ya habían llegado al Archipiélago esos tres millones de visitantes que se apuntan. Pero el cálculo no cuadra. José Fernando Cabrera, propietario del grupo hotelero Golf Resort y presidente del Foro de Amigos del Sur de Tenerife, confirma que los turoperadores Jet2 y TUI tienen programados vuelos en junio. ¿Entonces? Ángel Víctor Torres debería llamar a capítulo a su dirigente y aclarar la cosa. Máxime, tras afirmar que a partir del 26 de abril se podría estudiar la posibilidad de recuperar la normalidad en las Islas. Argumenta, con lógica, que la realidad de esta ultraperiferia no tiene nada que ver con la del resto de comunidades.

Verónicas tiene arrestos y su paño de sudor y sangre no desea via crucis extras. La patronal guarda espaldas anchas. Atesora euforia de soplos de bonanza y cuenta con el respaldo de la banca que ahora, a diferencia de 2008, sí dispone de efectivo. La difícil coyuntura prescribe optimismo, sin perderle, evidentemente, el pulso al severo coronavirus. Estos momentos requieren astucia y no hablar de «semicierre total» hasta diciembre o de abrir el Imserso, como se oye por ahí, a todos los colectivos.

Wolfgang Kiessling, uno de los empresarios que más riqueza genera en el paraíso atlántico, no demanda aseveraciones lastimeras de gestoras pedigüeñas. La estrategia que ha impulsado en su grupo desprende ilusión ante la torpe desconfianza oficial: Gustavo Escobar, director del Hotel Botánico del Puerto de la Cruz, aprovecha el estado de alarma para mejorar instalaciones y servicios, en tanto que Loro Parque organiza presentaciones de animales sin público orientadas a las redes sociales. El presidente de Ashotel y de la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos, Jorge Marichal, tampoco se queda atrás a la hora de aportar y también da un paso adelante al ofrecerle a la Federación Española de Fútbol y a La Liga la posibilidad de terminar los campeonatos de Primera y Segunda División en el Archipiélago. El factor de aislamiento y la considerable planta alojativa de cuatro y cinco estrellas son argumentos que Luis Rubiales y Javier Tebas tendrían que valorar una vez se levante el confinamiento. Lástima que la oferta, en absoluto disparatada, deba consensuarse entre dos enemigos irreconciliables. La España nuestra.

El fondo de rescate europeo de medio billón de euros, recién aprobado en Bruselas, aliviará las arcas patrias y, por ende, el implacable vuelo de la langosta sobre la envidiable oferta de sol y playa en un entorno único. No hay duda. Pero el camino a seguir en un sector tan mediático y sensible como el que nos ocupa no pasa por bajar la moral ni tirar piedras hacia el propio tejado.