Ilustración: María Luisa Hodgson

Una de las suertes de vivir en Tenerife es que pasas del frío de La Laguna al buen tiempo del sur de la Isla. O de un rico vaso vino garrafón y sus garbanzas en Tacoronte a un magnífico tinto Aires de Garbet de 2018 de Perelada con jamón 5J y un buen queso semicurado frente a la boutique Yeyo Bros en Playa de las Américas. Cuestión de movilidad. Otra posibilidad es coger el barco, el trimarán o el avión y acercarte hasta la fábrica de Arehúcas en Gran Canaria para disfrutar de una cata de rones a cargo del embajador de la marca ronera, Óscar Lafuente, reconocido bartender y profesor en Hecansa en la capital tinerfeña. Reconozco que mi aproximación a esta bebida alcohólica elaborada a partir de la fermentación y destilación del jugo de la caña de azúcar no era muy habitual al decantarme preferentemente, cuando la ocasión es propicia, por el vodka o el yintónic, pero la invitación de Laura Herrador merecía.

Mi idilio con el vokda, que, en absoluto, me aproxima a Vladímir Putin (no mezclemos churras con merinas), se fortaleció a raíz de una estancia en Moscú, pues, excepto en el desayuno, dábamos cuenta de este seductor brebaje, con moderada generosidad, en almuerzos, cenas y copas noctámbulas. En cuanto al yintónic, el amorío es más reciente. Intuyo que debido, entre otros sortilegios, al postureo del viejuno que se apunta a la moda de las virtudes gustativas y olfativas del habas tonka pese a contener cumarina, una sustancia venenosa.

En Playa de las Américas coincidí con personas que no veía hace años. Es lo que tiene apuntarse a un evento con copa y mantel. También son ganas de fiesta. Normal. No hay cuerpo que aguante tanta mascarilla distante. Resulta que Javier Ravina se había mudado al Sur. Antes solíamos encontrarnos con frecuencia en el Quiosco Numancia y un buen día desapareció. El reencuentro fue afectivo, sin excesos y nada productivo en la información que nos transmitimos. Diría que el corto diálogo fue insulso. No dio para mucho. El olvido nos apartó. Fue como hablar del tiempo en el ascensor. Con Olga Henao sucedió algo parecido. Falta de costumbre. Eso sí, con Daniel Marichal, el repostero jefe del restaurante La Forêt, a quien no tenía el gusto de conocer, la conversa fluyó sin dificultad. Conexión. Sería el cabello de ángel. Luego, como un barranco mar, que dicen en La Gomera, apareció la actriz Rosanna Walls junto al incansable Toni Bello, pareja (sin hecho) ideal para animar cualquier encuentro. Toni Bello, por cierto, no se pierde una. Le ha cogido el testigo al periodista Pepe Moreno, que ya no es el que era. Ahora lleva vida monacal. Será la edad. Vete a saber. Luego se nos unió Rosana Clemente, que lucía botas militares negras de tendencia y escote resultón. Por un momento, las dos Rosan(n)as me rodearon. Un sofocón. Al panal de rica miel no tardó en sumarse Francisco Mercado (Frank Market en el mundo anglosajón) y su cazadora vaquera, cuello alto, repleta de escudos. Nos abrazamos y besamos lo justo en la mejilla.

Con Isabel Díaz, la anfitriona del encuentro, el éxito está asegurado. Y si, además, en el ajo está Emilio de Ávila, imposible aburrirse. El tándem funciona. Todo burbujea. Es la alegría dorada del champán, en este caso, Taittinger, que marida con corazones sensibles y la música (pinchemos) de Rod Stewart, Elton John y demás acordes estilosos.

Algunos palmitos se despidieron antes de la despedida. Hubo quienes se marcharon a la francesa y quienes se fueron con la party a otro lado. El que escribe aguantó hasta el final, que no fue tarde. Al día siguiente tocaba madrugar. Y chimpún.