Los Coquillos encumbraron a la cabra de la Legión al dedicarle una canción. La banda de Ginés Cedrés valoró en 1991 comprar o robar al animalito. Tanta era la admiración que quisieron llevársela a su corral. Luego, en 1996, los novios de la muerte se fueron de Canarias después de veinte años de presencia en Fuerteventura. El Tercio Don Juan de Austria abandonaba sus posiciones frente al Sáhara que fue español y recibía la medalla de oro del Gobierno autonómico presidido por Manuel Hermoso, entonces residente en el palacete Martí Dehesa de la plaza de Los Patos, hoy en venta.

Tras la marcha de los caballeros legionarios no fueron pocas las personas que cantaron, de nuevo con Los Coquillos, borrachos hasta el amanecer. El ron de caña y el queso de Guía se destaparon para celebrar y llorar (de todo hubo) la marcha de la cabra.

Poco más de veinticinco años después de la diáspora majorera, España le ha dado la espalda al Sáhara y un borrego llamado Titán ha sustituido a la cabra en el desfile de las Fuerzas Armadas. Normal que la gente y la cabaña caprina se hayan encabronado. El chivo que tanto ha servido a la Patria no mereció el 12 de octubre la humillación del ostracismo en el que pudo ser el último desfile de la Legión con su mascota. Maldito borrego usurpador y maldita la estampa del legionario que tomó la decisión de relevar al macho cabrío por un infame borrego.

El caso es que según el artículo 73 del Proyecto de Ley de Protección, Derechos y Bienestar de los Animales, “se prohíbe el uso de animales en exposiciones de belenes, cabalgatas o procesiones, en las que se mantenga al animal de forma antinatural conforme a las características propias de su especie”. ¡Uff! Con la Iglesia hemos topado. ¿Es natural y conforme a especie que el chivo camine ataviado con capa del Tercio y gorra legionaria al ritmo de 160 pasos por minuto?

El borrador de la norma no prohíbe, por otro lado, la participación de animales en eventos siempre y cuando no estén sometidos a maltrato. ¿Sufren los bueyes en las romerías que se organizan en el Archipiélago o los burros noctámbulos de La Laguna o los dromedarios y camellos en las cabalgatas de los Reyes Magos? ¿Sufre la cabra de la Legión?

La jurista tinerfeña Sandra Barrera, sostén del civismo, la sintiencia y la descosificación entre los seres no humanos, subraya que en estas circunstancias no se trata tanto de valorar un maltrato físico sino psíquico, pues también, afirma, hay que analizar el entorno que acompaña a la convocatoria: estrés, ruidos… Aparte, dice que las condiciones del traslado no siempre son las adecuadas. Eso sí, la jurista, en sintonía con la ordenanza en trámite, libera a los perros lazarillos o de asistencia sensorial, a las unidades caninas de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y a los Pepos, perros de protección entrenados para acompañar a mujeres víctimas de violencia de género.

No hay duda. La actual sociedad hispana es perruna, gatuna y especialmente sensible con el padecer animal. Y, al tiempo, inconsciente con el mantenimiento del estado de bienestar, menos proclive a procrear. Lo tiene claro: mejor pasear al perro y recoger de la calle las heces fecales con una bolsita que cambiar pañales. La realidad de un país envejecido con menos niños y niñas y más chuchos (con perdón) salta a la vista en parques y jardines. Además, la escasez de mujeres embarazadas y, por lo tanto, de nacimientos de bebés, está provocando la disminución del número de especialistas en Pediatría. Esta carencia ha provocado que el presidente de la Sociedad Canaria de Pediatría de Santa Cruz de Tenerife, Luis Ortigosa, calificase hace unos días la situación de “desastre sanitario”. Pero no alarmemos a la población. Cada vez hay más clínicas veterinarias.