Ilustración: María Luisa Hodgson

No descubro nada nuevo si afirmo que la política y los medios de comunicación en España (supongo que también en el occidente desarrollado. En el fondo nos parecemos) son un reflejo de la sociedad. El tiempo que vivimos es violento, chismoso, irreverente, ignorante, sabelotodo, mentiroso. Y tolerante, libertario, justo, saludable, sostenible. O sea, excepciones aparte, soportamos un grotesco y complaciente contrasentido sin autocrítica. Transpiramos en un jardín hedonista de lenguas babosas encantadas de lamer pústulas. Patético Gregor Samsa, estrella del Circo Kafka de las cucarachas. Pasen y vean: insectos de caparazón duro y vientre blandengue en el show de la poltrona y de la espectacularización de la noticia. Vomitivas ostentaciones desde el fango, la arena y el trapecio. Prepotentes balcones electorales y mediáticos. Conmigo o contra mí. David Broncano (La Revuelta) o Pablo Motos (El Hormiguero). Hagan juego. Tomar partido es el pan nuestro de cada día.

Pilates que sostiene el cuerpo y comida basura que descorteza el espíritu. Somos más polvo que nunca. Sabroso caldo de cultivo que moldea músculos serranos y conciencias frágiles. Es el mísero barro del bla, bla, bla, de mentiras y medias verdades. Si no es Juana es la hermana. Ahora toca el rey emérito y la vedette. Colegas y profesionales de la bazofia reman en la ciénaga del escarnio. La fábrica de Willy Wonka no descansa. Incansables umpa lumpas al servicio de la causa.

Siempre hay intimidades al descubierto. España puso una pica en Flandes en el XVI y en el XXI la revista neerlandesa Privé publica unas fotografías inéditas del Borbón besándose con Bárbara Rey. Sucedió en 1994, pero la venganza, da igual de quién venga, es un plato que se sirve frío. La selva es traicionera, apaga la humanidad. Machetes en guardia, parloteo de loros, fiebre, vómitos… ¡Qué necesidad!

Juan Carlos I, el último monarca español absolutista, actuó acorde a su regia naftalina. Lógico. A su majestad le reían las gracias. Después no. Después no le perdonaron una. Por eso su hijo, Felipe, es el primer rey democrático al sur de los Pirineos. Se debe al electorado y a Leticia, que es moderna y no comulga con ruedas de molino. Sofía es de otra pasta. Viste sangre azul y por la roja y gualda aguanta carros y carretones. ¡Viva!

Al hijo del conde de Barcelona le amparaba el beneficio de la duda y la mierda del dime y direte, pero la foto quieta, en reposo, sin Photoshop, inmortaliza el tránsito y los tropiezos. El abatido elefante de Botsuana también se la jugó en 2012. Cazador cazado. Y pidió perdón. Hoy calla. Mañana no. Prepara su momento. El anciano desterrado en Abu Dabi bajará a la tierra mundana. Traicionará los secretos de palacio en unas memorias (Reconciliación) que presentará el próximo año. Dice que le están robando su historia. Posiblemente tenga razón. Mientras, las imágenes con Bárbara requieren espacio informativo y reprobación desde editoriales y columnas. La ejemplaridad que exige la jefatura del Estado no merece infidelidades. Otro cantar es el tratamiento que dan las tertulias con correveidiles especializados en enlodar todavía más las miserias del desorden. ¡Bah! Sin dramatismos. No es tan fiero el león como lo pintan. Carlos III del Reino Unido reina junto a la que fue su amante y el expresidente estadounidense Bill Clinton es un reputado conferenciante tras mantener una «relación inapropiada» en el Despacho Oval con la becaria Mónica Lewinsky. Cloacas, perspectivas, linchamientos, banderas, cultura, dinero, sexo… Depende.

El dolor en la ventana, en la frente, en la pantalla. Carne dolorida, varas de medir. Al final seremos más o menos o nada. Insecticida pa las cucas.

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