Ilustración: María Luisa Hodgson

Si caigo en Buenos Aires visitaré la Librería Ateneo Grand Splendid, considerada por National Geographic como la más hermosa del Mundo. Deambularé tranquilo entre las estanterías de la platea y los palcos del antiguo teatro y tatarearé en silencio algún tango de Gardel mientras la mirada se pierde en el fresco de la cúpula, obra de Nazareno Orlandi. Luego, tras mucho ojear y bajar al foso infantil liderado por el diario de Greg Heffley, compraré uno, dos, tres o más libros, que repasaré sentado en una de las sillas de la cafetería, escenario propicio para parejas enlazadas y cantes desgarrados de arrabal. Y en ella brindaré con mate por la paz y las letras y por lo que en ese momento (si llega) ronde en la cabeza.

El amor por las páginas impresas enraizó sin darnos cuenta. Caló y florece en anhelos bonaerenses y en visitas al taller tipográfico (Tipos en su tinta) que Lars Petter Amundsen y Matthias Beck han creado en la antigua Biblioteca Municipal de Ruiz de Padrón, la que continúa dirigiendo Isabel Pérez Schwartz, ahora en el TEA de Herzog & De Meuron. La iniciativa de los dos diseñadores gráficos del norte de Europa afincados en la eterna primavera que se vende en Fitur, nos acerca a los primeros procesos de impresión, aquellos en donde los tipos móviles se levantaban a mano de las cajas altas (mayúsculas) y bajas (minúsculas). Es el olor a tinta que escribió mi padre, Rafael Zurita, y que le enciende el alma porque lleva las artes gráficas en la sangre. Por eso (gracias Cristina Saavedra por el wasap) corremos hasta la vieja imprenta que, animosa, se adapta a las nuevas demandas creativas y de mercado. Tentador reclamo para diseñadores, artistas, creadores, en suma, que le ponen una vela a la necesaria evocación y otra a las contemporáneas tecnologías en medio del lamento de noveles quejosos y usuales incapaces de reinventarse.

Según el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros de 2018 realizado por la Federación de Gremios de Editores de España y el Ministerio de Cultura y Deporte, el 32,8 % de la población española no lee nunca y un 12,5 % son lectores ocasionales. Con estos porcentajes no sorprende que, por ejemplo, la premiada librería Los portadores de sueños (Zaragoza) haya clausurado sus puertas el jueves 24 de enero coincidiendo con la onomástica de Francisco de Sales, el santo patrón de los escritores y periodistas. Precisamente, ese mismo día, el catedrático de Filología de la Universidad de La Laguna y presidente de la Academia Canaria de la Lengua, Humberto Hernández, reivindicó en un acto conmemorativo el uso del español meridional entre los profesionales de la comunicación de las Islas, junto al presidente de la Asociación de la Prensa de Santa Cruz de Tenerife, Salvador García Llanos, el académico Manuel Torres Stinga y otros escasos colegas. Antes del acto ilustrado, celebrado en la Fundación CajaCanarias, se realizó una ofrenda floral en el busto de Patricio Estévanez y Murphy, fundador de la APT citada y director del Diario de Tenerife (1886-1917), el periódico que murió solo y entre todos lo mataron. Este acontecer sacudió en su momento a la sociedad tinerfeña, al igual que lo hizo el cierre de la librería La Prensa de Francisco Martínez Viera, cofundador del vespertino La Tarde, también desaparecido, o las librerías Goya y Goytec, Foro Literario, El Paso de Santa Cruz y tantas que permanecen en el recuerdo de la cultura que se crea, destruye y transforma. Ley de la enloquecida y encantadora vida que no olvida la biblioteca de Carlos Pinto Grote ni la de Domingo Pérez Minik (inmortalizada en blanco y negro por la cámara fotográfica de Carlos Schwartz) ni debe, en la actualidad, rasgarse las vestiduras ante la anunciada pérdida de La Isla después de cincuenta años. ¡Y claro que lloramos esta despedida y las otras (¿te acuerdas de Negra y Criminal en Barcelona?)!, pero nos afligimos con el corazón latiente en la hospitalaria y feminista Librería de Mujeres de Izaskun Legarza o con Alberto Díaz en El Atril, que de casta le viene, con Nely Chinea en Ifara o con Paco Lemus, que lamenta el adiós de la verdadera isla del tesoro: “Todo el apoyo y cariño para nuestros compañeros de armas”. Y saltamos (¿por qué no?) al punto com de Agapea con su eficaz entrega urgente, y sus dos establecimientos de referencia en Canarias: avenida Tres de Mayo y El Trompo en La Orotava.

No siempre se termina con la muerte, con la separación concluyente. El reconocimiento de la memoria no ciega el final de la decadencia, de la virtud, de la normalidad y de las pequeñas y grandes historias que se escriben y se comprenden e interpretan. Es el tesón de ayer que persiste en el presente y mañana. Signos de puntuación seguidos y digitales que, pese a los apartes, no olvidan a la imborrable familia de La Isla (José María, Juan y la tercera generación: Andrea, Marta y Rocío Celis) y el tesón del abecedario. Bla, bla, bla…

Hoy he subido a la Laguna y en el principio de Heraclio Sánchez o en su desenlace, depende del sentido, asoma Lemus.