Ilustración: María Luisa Hodgson

Ardió. La Redacción aquella de Diario de Avisos en la calle Salamanca de la capital tinerfeña ardió. La Redacción aquella que me conquistó al periodismo y luego desencantó tostó aún más el imborrable inmueble que, por cierto, siempre pareció gastado. El ladrillo, las personas, las ideas, la innovación se desdibujan si no se cuidan. Ambiciones rompientes y rebeldes que fueron académicas en la Universidad de La Laguna, en el ala norte de un seminario alquilado al obispo y, después, en la pirámide de Ricardo Acirón. Estudiantes pichones que soñábamos, pie en tierra, con exclusivas gloriosas. Algunas llegaron con el tiempo. Y el tiempo asentó querencias que hoy entusiasman más que nunca. Pese a desalientos de este mundo la avidez de contar historias cala hondo, probablemente, imbuido por el picotazo de una familiar águila avizora sobre el balcón de una plaza fuerte.

Con Irene Maeso, directora de negocio y nuevos proyectos en Metrópolis Comunicación (grande Santi Pérez), viajo al sur. Pero no al sur de la soñolencia, sino al luminoso sur de vibrantes ritmos de rocanrol para protagonistas de una pista con mucho gusto. ¡Bailas muñeca! Ritmos heavy para profesionales amantes de quebrarse hasta que duela. No es lugar para pusilánimes. La comunicación del Tercer Milenio es multi, trans, híper… Desde luego, no es como la de antes, pero, en el fondo, sí. En los últimos ochenta y primeros noventa del XX seducíamos con máquina de escribir y, en la actualidad, galanteamos con los bits más arrebatadores del mercado. El fondo no ha variado. La pelvis de Elvis sigue ahí. Desmaya. Es inmortal. Eso sí, preferible con gente que cuente, con gente de rompe y rasga. Mientras, la vieja guardia, la de verdad (pata negra), aguanta el tirón y deja atrás a palomos y palomas. Lógico, entonces, que me arrime todavía a Carmen Ruano, puñetera redactora jefa en el DA aquel. Se trata de sacar la fotografía más resuelta con el teléfono móvil más tecnológico. Poco falta para que me ponga la zancadilla, para empujarnos, para meterle el dedo en el ojo. Ja, ja, ja… Al final, mi foto, seguro, es mejor. 😉

Y me arrimo a Ana Armas, desenvuelta periodista de Radio Nacional, a la sazón compañera de la VIII promoción de Periodismo (1995-1998). Y yo con estos zalameros pelos canos. Y ella, ¡estupenda! Gira, el Mundo gira, y la muchachada del 98 sale a colación. Y unas cuantas copas de vino y un menú entre estaciones de nubes que finalizan (casi) en el cielo. Y los periodistas de la cosa gastronómica, Fran Belín y José Luis Conde, cada día más apetecibles, lo cuentan. ¡Ay!

Repaso la orla del 98 y descubro a Magec Montesdeoca, asentado en su Gran Canaria querida y a día de hoy, no sé. Veo al diputado del común, Rafael Yanes, que fue alcalde de Güímar y estudió al periodista Ángel Acosta. Atino con Verónica Martín, a quien le va la ciencia y la C mayúscula. Desafía, circunspecto, José Luis Rodríguez, forjado a rebufo de José Miguel Galarza y Juan Ruiz Correa. Observo a Elena Barrios que vuela en plátano vip junto a Xavier Agulló. Distingo a Tere Linares que corrió mucho y sudó en el Programa Ansina que ya no existe porque no. Reconozco a Lorenzo Dorta que redactaba en La Opinión de Tenerife, que tampoco existe. Asoman en filas y columnas rostros en blanco y negro, como módulos en periódicos que pasaron del plomo a la luz (escribió De Pablos) y luego de la luz al código binario de Matrix. Ceros y unos. Transformación digital para jefaturas editoriales y de producto, especialistas en TIC, datos, inteligencia artificial, audio (pódcast), vídeo, newsletters, plataformas sociales, nuevas narrativas… Laboratorios multidisciplinares que, cada vez, tienen más claro que, pese a todo, lo más importante es el contenido.

No puedo dejar de enamorarme.