Ilustración: María Luisa Hodgson

La lucha feminista no tendría que ser una guerra de géneros sino una magnífica oportunidad para construir un nuevo humanismo, firmeza progresista que choca con actitudes beligerantes que anteponen el sexismo a la meritocracia. El feminismo moderno, el que late contemporáneo entre numerosas personas (cada vez más), no entiende, por ejemplo, de paridades en la designación de tribunales en la Administración pública. La justicia en los procesos de selección se garantiza con ecuanimidad y transparencia, no con paridad. Solo los concursos con procedimientos de baremación y comunicación bien protocolizados anulan la parcialidad. No obstante, hay mujeres, como las veinte que firmaron en el periódico Diario de Avisos un artículo contestatario contra la Decalcomanía 79 publicada el sábado 31 de julio, que consideran esencial la paridad para legitimar una resolución justa. Las veinte firmantes, investigadoras y docentes en la Universidad de La Laguna, obvian en su anticuada obcecación bigénero a las personas con género fluido. Deberían actualizar su discurso, dar un paso adelante. Debatir en 2021 sobre hombre-mujer es muy antiguo. ¿En qué parcela incluirían las doctas preceptoras a Harry Styles, icono de la imagen andrógina?

La paridad no soluciona, antes bien es un problema. ¿Por qué no, entonces, exigir paridad de ideología política, paridad religiosa o paridad racial? Los tribunales, mis respetadas compañeras, tienen que ser, repito, ecuánimes y transparentes, no paritarios. Y si esto supone revisar leyes, que se promueva el cambio. No se acomoden en el pasado. Transformen el presente para mejorar la sociedad en donde todavía, lamentablemente, se sufre el machismo y demás actitudes prepotentes.

Inquieta, por otra parte, que en la Tribuna de Diario de Avisos las universitarias manipulen, incautas, el artículo del 31 de julio (“Hombres y Mujeres”), del que soy autor, atribuyéndome acciones, propósitos y afirmaciones que no escribí. Tiempos oscuros, convulsos, sectarios, agresivos… Saturno devorando a su hijo. Parece que las firmantes se han dejado arrastrar “bajo el espumarajo maloliente de las redes”. Apuntan que la intención del artículo fue silenciar a la candidata que reclamó tras detectar que el tribunal de marras que la baremó no era paritario. ¡Silenciar! ¡Viva la libertad y el Estado social y de derecho! ¿Quién soy yo para silenciar a nadie? Me decepcionan. Dicen que he accedido a un expediente confidencial, lo cual no es cierto. ¿Por qué alteran la realidad? ¿Y si la candidata, parientes, amistades… comentaron en entornos más o menos numerosos la reclamación? Viralidad. Ya saben. Merezcan, por favor, el cargo académico que ostentan y no menoscaben honores. Afirman que asiento que el feminismo ya no es necesario. Invito a las osadas firmantes a que indiquen en qué línea lo manifiesto. Y si lo infieren de la frase “La nueva revolución feminista era necesaria y se agradece” conviene que repasen el tema de lectura comprensiva. Sin acritud, consideradas letradas.

Escriben que falseo datos sobre los porcentajes de mujeres en la comunidad universitaria. ¿En serio? ¿Quién mencionó porcentajes? ¿Por qué ese empeño en desacreditar? Aseveré que en la comunidad de la ULL las mujeres son mayoría. Y me reafirmo. La Institución tinerfeña cuenta, en este curso 2020/21, con 10 161 hombres y 13 175 mujeres. Así, estas dominan entre el personal de administración y servicios, personal investigador y estudiantes de grado, máster y doctorado. Solo hay más hombres entre quienes imparten docencia (946 frente a 648 mujeres). De todas formas, como reflejé hace una semana, me da igual el sexo y la orientación sexual del prójimo. Que lleve bragas o calzoncillos no influye en mi valoración o estima. Además, no considero que los desequilibrios estadísticos sean siempre consecuencia de una discriminación machista. En general, es bueno que los datos cuantitativos se complementen con los cualitativos. Ya lo cantó Pau Donés: “De según cómo se mire, todo depende”.

El escrito llama la atención, también, de que acepto “benevolente” la utilización del lenguaje inclusivo. No, colegas, no lo acepto con benevolencia, lo reivindico, lo ejercito junto a mi alumnado en el Grado de Periodismo y me esfuerzo en emplearlo con buen estilo. Es más, como saben, se aplica en el diario digital Periodismo ULL, enmarcado en un proyecto de innovación educativa que obtuvo la más alta puntuación de la Universidad de La Laguna en su última convocatoria. Perdonen la vanagloria. Por cierto, ¿ustedes acometen con rigor el empleo del lenguaje inclusivo? Si es así, adelante. Si no, autocrítica y a esforzarse con empeño. No es fácil.

Señoras firmantes, coincido en que en la Academia y en la sociedad sigue siendo necesario el feminismo, pero permitirme que mi coherente lucha humanista, que, por supuesto, incluye al feminismo, rechace el tribunal paritario.

Disculpen, profesoras, si he usado expresiones desmedidas. Solo pretendo aclarar posiciones y evitar malentendidos. El espíritu universitario de consenso y aprendizaje no merece enfrentamientos.