Rubén Díaz, Carlos Pinto Grote y Fernando Senante no se entienden sin las tres heridas del poeta: la del amor, la de la muerte, la de la vida.
El periodista dejó un buen día de lado el contrato con la redacción para dedicarse a la guitarra y a la poesía. Y no es el primero ni será el último. Es lo que tienen los creadores, los que generan sentimientos más allá de la costumbre.
Pasan algunas horas del fallecimiento del que fuera premio Canarias de Bellas Artes en 1988. La capilla ardiente se ha instalado en el Salón Noble de la Casa Consistorial, que rigiera el fenecido entre 1979 y 1987. Hace frío y los verodes de los tejados velan al pintor. Y velarán durante toda la noche y el día siguiente. Y de nuevo la noche y siempre. Porque los verodes no duermen y son patrimonio de los laguneros y de la Humanidad.



